La importancia de los archivos para construir la verdad del conflicto armado

hace 2 horas
Por: Daniel Pacheco

Politización no es polarización

Colombia vive un proceso preocupante de polarización política, dicen. La sociedad está dividida, hemos perdido la capacidad de llegar a acuerdos fundamentales, el país se está haciendo vulnerable a los populismos que arruinaron a Venezuela, y están por hacer lo mismo en Estados Unidos. Polarización alrededor del proceso de paz. Polarización por consultas mineras y consultas previas. Polarización con los cocaleros, maestros, camioneros, iglesias, magistrados y congresistas.

Esta idea, en sus varias versiones, se propaga con alarmismo en la prensa, los debates presidenciales, en columnas de opinión y seguro próximamente en iniciativas políticas con tintes populistas en contra del populismo.

Un video de 1997 de Carlos Andrés Pérez, el expresidente venezolano destituido por corrupción, es una de las pruebas reinas de la amenaza latente que se cierne sobre Colombia en 2018 a raíz de la polarización y el descontento. En el video Pérez analiza la coyuntura venezolana antes de la elección de Chávez, y concluye que la rabia y el ánimo vengador contra la clase política (a la que él había contribuido) eran el caldo de cultivo para una dictadura chavista. La difusión de ese video, ahora por redes sociales en Colombia, y el enaltecimiento de Pérez como un visionario, suponen el surgimiento de una visión restringida y temerosa (incluso aburrida) del debate democrático.

El nivel álgido del discurso político en Colombia antes y después del plebiscito (incluso cuando raya en las mentiras abiertas y su posterior discusión, por ejemplo entre Rodrigo Uprimny y Alejandro Ordóñez), la agitación social en varios niveles de participación, desde los aún violentos bloqueos hasta las revocatorias municipales y consultas sobre desarrollo, y el paradójico desprestigio generalizado de las instituciones por los casos de corrupción que esas instituciones van descubriendo son en efecto un caldo de cultivo. Pero un caldo de cultivo para ideas fértiles, para nuevas alternativas políticas y para cambios en áreas antes ignoradas por el monopolio de la discusión alrededor de la seguridad y el conflicto.

Esta algidez es tal vez una señal de que vamos por buen camino. Porque detrás del problema de las instituciones y de la política, además de funcionarios y los políticos, hay un problema de electores. Según una medición de la OCDE, de los varios países seleccionados además de miembros de ese club, Colombia es el país donde a la gente le interesa menos la política. El 50 % de los colombianos encuestados en el reporte, entre 2012 y 2014, dijo que la política “no les interesaba para nada”. Brasil está en segundo lugar de desinterés político con 41 %, y Alemania de último con 5 %.

Entrando a esta campaña electoral de 2018, Colombia tiene una oposición de derecha más acuciosa, unos sectores populares con más espacio (ahora sin la guerrilla más grande en armas y sin la excusa de la “infiltración”) y una política más pluralista. Es entendible que ante este panorama con pocos antecedentes haya muchos asustados por el espejo venezolano de la polarización, pero quizá se trata de un nuevo y prometedor escenario de politización sin (tanta) violencia. Toda una novedad en Colombia.

@danielpacheco

 

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