Pompeo, la coca y el ambiente complejo

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Sonrió Pompeo, con aire de gerente satisfecho, de pie detrás del ministro de Defensa, cuando este anunció que el Gobierno colombiano usaría nuevamente glifosato. Me acordé, entonces, de las razones ocultas de Nixon en 1971 cuando inició la guerra mundial contra las drogas y recordé los claros argumentos de Milton Friedman, también republicano y derechista, cuando recomendó en 1991 la legalización de la producción y el consumo de la cocaína, la heroína y la marihuana. Solo en 1994 uno de los más altos asesores de Nixon confesó que él había recomendado declarar contra las drogas para facilitar la persecución de los hippies y de los afrodescendientes que se oponían a la Guerra de Vietnam. Las razones de Friedman, reconocido hoy como el gran gurú del neoliberalismo, eran concretas: detener más de 10.000 asesinatos que el narcotráfico generaba anualmente en Estados Unidos y Colombia.

Hace pocos días un comentarista de esta columna me acusó de pretencioso por insistir en recordar la importancia del ambientalismo complejo, y me recomendó enfocarme mejor y reconocer que el uso del glifosato disminuiría las muertes de los que trataban de erradicar a mano la coca y detendría los asesinatos de los líderes sociales partidarios de la sustitución de cultivos. Precisamente lo que es necesario hoy en el Gobierno es enfocarse bien para comprender profunda y ampliamente la realidad, ver interrelaciones, conocer el pasado, mirar con un deber ser en la mente y considerar a los otros con respeto, como lo he explicado en mi libro acerca de la visión ambiental compleja. Ejercer la violencia del veneno sobre campesinos y ecosistemas no es una forma ni eficiente ni eficaz para acabar con la violencia del narcotráfico. Incluso Nixon, si viviera, tendría que reconocer el fracaso de sus dos guerras.

¿Qué hacer, entonces? La legalización recomendada por Friedman tardará todavía varios años en ser adoptada por Estados Unidos y el dinero ilegal continuará, mientras tanto, comprando miles de conciencias y financiando las guerrillas marxistas leninistas. Afortunadamente veo que en Davos, hace unos días, el presidente Duque aceptó ser líder en un nuevo proyecto internacional: sembrar un trillón de árboles. ¿Por qué, entonces, en lugar de empobrecer y enfurecer más a los campesinos con las lluvias de veneno, no inundarlos con dólares legítimos para plantar y cultivar millones de árboles?

* Miembro de Paz Querida y de Futurible.

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