Elecciones 2018: Colombia elige presidente

hace 13 horas
Por: Columna del lector

Ponderación

Me lacera el alma —y me atrevo a pensar que lo mismo les acontece a millones de compatriotas— el espectáculo deprimente y por momentos grotesco que ofrecen los enfrentamientos verbales en que han venido a parar las diferencias de opinión y de principios de los personajes más altos que detentan la autoridad en nuestras instituciones.

Y duele, sobre toda otra consideración, la falta de mesura, de respeto, de ponderación que evidencian algunas actuaciones. En ellas no es posible ver otra cosa que la defensa crispada del propio parecer, la incapacidad para admitir que no siempre se tiene la razón y la intolerancia frente a las ideas ajenas.

Siempre resulta útil y enriquecedora la sana controversia; la unanimidad de pareceres ni es deseable ni es posible; la confrontación serena de opiniones en aquellas cosas que son controvertibles redunda en pro del bien común, entendido como lo más conveniente para todos y lo más acorde con los verdaderos intereses de la sociedad. Y de quienes han sido investidos, mediante el voto popular, de autoridad legítima, cabe siempre esperar la ponderación, el tiento, el respeto. Tristemente, esa justa expectativa no siempre se ve satisfecha. Y mi comentario apunta especialmente al señor presidente de la República. 

Muchísimas veces, en sus intervenciones, desnuda su convicción de que a él no se le puede contradecir. Parece exigir que a su parecer todos tenemos que ajustarnos, con sumisión y sin chistar. Después de que, vencido en primera vuelta de los comicios, montó y logró vender su campaña, para la segunda, sobre la falacia de que no votar por él equivalía a votar por la guerra, incurre en actitudes y expresiones que están lejos de la serenidad y del juicio de un mandatario nacional; sin análisis, en reacciones viscerales incontroladas, simplemente descalifica a quien disiente, y, al parecer, buscando destruir con una ironía sin gracia, utiliza palabras y frases extremadamente desafortunadas. Es lo que encuentro en su afirmación referida al señor procurador general de la nación.

¿Qué busca, señor presidente, con esa burla zonza? ¿No se le ocurre, para mostrar su contrariedad, otra cosa que mofarse de las convicciones católicas valerosas y paladinas del doctor Ordóñez, diciendo que él esconde mentiras y malas intenciones “bajo la sotana”?... ¿Cree que es ese sarcasmo estúpido la respuesta a unos planteamientos que el procurador hace y con los que millones y millones de colombianos compartimos plenamente?

Ojalá Colombia tuviera, entre aquellos que ocupan altos cargos, muchos funcionarios que, como el señor procurador, no esconden su fe, no niegan sus creencias, no renuncian por conveniencias ocasionales a sus convicciones. Un catolicismo como el suyo, paladino, firme, esclarecido, con fundamentos doctrinales, llevaría a Colombia por caminos mucho mejores de los que recorremos.
 
Mario García Isaza. 
 
 
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