A ponerse serios

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Algunas situaciones como los divorcios, las quiebras y las asambleas de copropietarios destapan características de las personas que de otro modo nunca aparecerían. Evidentemente, una pandemia con cuarentena prolongada es otra de estas circunstancias. No sé si sacará lo mejor o lo peor, pero lo cierto es que evidencia la verdadera naturaleza de las personas, sus colectivos y la sociedad en la que viven.

Reírse y ver el lado positivo en situaciones como estas es sano, y si hay algo que nos caracteriza como colombianos es que, en todo momento, sin importar qué tan crítica sea la situación, le sacamos el chiste. Pero debemos aceptar que muchas veces nos pasamos y en vez de risa generamos dolor y vergüenza.

Un triste ejemplo de esto es el episodio donde Duque le pide a William Vinasco que narre un partido de fútbol entre Colombia y el COVID-19 (que, además, para reforzar la xenofobia, es representado por China). Es claro que así es el presidente que tenemos: trata, pero no puede esconder su esencia. ¿Se imaginan a Macron o a Angela Merkel patrocinando o participando en un episodio donde minimizan y se burlan de la más grande crisis humana y económica que haya sufrido el mundo desde la Segunda Guerra Mundial? Aunque debamos estar unidos y algunos quieran creer que Duque está manejando la crisis bien y dignamente, no olvidemos que es un presidente débil, capaz de banalizar una situación como esta.

Para completar, nuestros honorables congresistas (con contadas excepciones) no se quedan atrás. Mientras Colombia entera está buscando cómo producir para sobrevivir, estos personajes llevan un mes discutiendo si deben o no trabajar virtualmente. Justamente ahora, en el momento más importante que haya tenido que enfrentar, el Congreso debería estar sesionando, ejerciendo control político y promulgando leyes de emergencia para ayudar al país a afrontar la crisis. Pero no, lo único que se les ha ocurrido es gastarse todo el mes discutiendo si ejercen sus funciones o no. En hora buena, empezarán a trabajar esta semana.

Lo más lamentable es que, entretanto, no llegan las ayudas a las personas en situación de extrema vulnerabilidad, ni al personal de salud, ni a las empresas. El número de infectados sigue creciendo y, más grave aún, el de muertos. Por estas negligencias, además de numerosos pacientes infectados, ya fallecieron varios médicos, y sin embargo muchos colombianos creen que estamos ganando la batalla (el partido, como piensa Duque).

La verdad es que la crisis no la empezamos a afrontar a tiempo y no fue gracias al Gobierno Nacional que comenzamos a actuar, sino a los esfuerzos de los alcaldes de ciudades como Bogotá, Cali y Medellín que “obligaron” a Duque a reaccionar. Los falsos líderes son peligrosos, pues hacen creer que las cosas están mejorando, y la consecuencia es que, en vez de exigirles a nuestros gobernantes que atiendan la emergencia y que trabajen, nos ponemos a aplaudirles. ¿Qué decirles a las familias de los médicos que murieron y a todos aquellos que trabajan directamente tratando de contener el virus, sin recursos y desprotegidos? Supongo que estarán igual de ofendidos que yo, pero además tristes y solos. Siendo realistas, lo peor todavía no ha llegado, así que no sobra exigirles a quienes nos gobiernan que sean responsables y recordarles que es hora de ponerse serios.

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