Por: Iván Mejía Álvarez

Pónganle seriedad

Leí por ahí, en un pequeño rinconcito de un diario, que el técnico de la selección de Colombia Sub 20, Eduardo Lara, había reunido a los muchachos que convocó para el tercer miniciclo de trabajo e impuso las reglas de comportamiento que regirán a partir de la fecha.

Y aunque parezca una tontería para algunos, prohibió los guayos de colorines y las narigueritas, mariqueritas, balaquitas y demás implementicos que algunos jóvenes usan en los campos de juego, intentando distinguirse más por su vestimenta que por su fútbol. También advirtió seriamente sobre el uso de los celulares en los entrenamientos y en los vestuarios y restringió su presencia en los actos oficiales.

No se sabe si el técnico de las selecciones juveniles dijo algo sobre los iPods y los mp3 que los jóvenes usan a toda hora. Sería conveniente que el uso de estos fabulosos implementos de diversión, propios de la tecnología que se vive en los actuales momentos, también tuviesen sus restricciones.

Parecen bobadas, pero no, son temas realmente serios y quien converse con la gente del fútbol encontrará que las costumbres han cambiado y que la ausencia de profesionalismo del jugador de fútbol está incidiendo directamente en  el resultado global de la preparación.

Resulta molesto e inquietante que un jugador ingrese a la cancha con unos audífonos escuchando música o pegado de un teléfono celular, totalmente  alejado del partido que ha de jugar en pocos minutos. Ese futbolista está completamente ido del tema, está pensando en otra cosa.

Alguna vez, Roberto Carlos advertía en una entrevista cuando jugaba con el Real Madrid, que le sorprendía la falta de profesionalismo del jugador actual. Decía que él estaba enseñado a ver partidos de fútbol, a mirar a sus rivales, a tomar nota de cómo jugaban sus posibles contrincantes y que él veía en el jugador de hoy que prefería los juegos de computador antes que los videos, que parecían autistas  alejados de la realidad.

Es difícil apartar a los nuevos jugadores de la cultura que se está viviendo. Resulta complicado enseñarles que el uso del celular no puede ser en todas partes, que es un acto de grosería andar pegado detrás de ese maravilloso invento durante los entrenamientos y que en la vida hay tiempo para todo.

Cuando Jorge Luis Pinto advirtió que en la selección de mayores habría restricción en el uso de los celulares, saltaron algunos “generales de tres soles” a protestar por las “medidas fascistas” del técnico. Les molestaba, por ejemplo, que el técnico prohibiera andar permanentemente en chanclas y que también estuviese restringido el uso de camisetas sin cuello ni mangas. Pues el  seleccionador nacional tenía razón y quien quiera estar en la selección tiene que respetar las normas de comportamiento, gústeles o no les gusten las medidas implementadas. Eso es así de claro y así de fácil.

Finalmente, ¿ha visto usted algo más feo y antiestético que la colección de guayos naranjas, verdes, amarillos, blancos que las ‘estrellitas’ locales usan?

Por eso, aunque me digan vejete, decrépito, anticuado, creo en la disciplina, en la seriedad y estoy de acuerdo con Pinto y con Lara. Si quieren ser futbolistas profesionales de alto vuelo, lo primero que deben aprender es respetar las normas de convivencia que propone el cuerpo técnico. Y si ya lo son, con mucha mayor razón tienen que dar ejemplo y no convertir las concentraciones y la vestimenta en una guachafita.

La mujer del César no sólo tiene que ser honesta sino también aparentarlo.

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