Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Pónganse serios

Algo tiene que estar pasando por estos días al estratégico y mediático gobierno de Santos, pues ahora parece arrinconado por las bravuconadas de Álvaro Uribe y las declaraciones siempre acaloradas y a veces desacertadas de sus segundos.

No se entiende cómo un día el mandatario, con razón, los llama fascistas y expertos en mentir, mentir y mentir, para 24 horas después tenderles la mano e invitarlos a dialogar.

El Gobierno y sus más elocuentes alfiles se ven desencajados, mientras Uribe ha logrado la audacia de que la agenda noticiosa se desplace de María del Pilar Hurtado y sus revelaciones, a unos viajes intrascendentes de la decadente cúpula del Centro Demoníaco a Washington, México y Europa, en los que supuestamente informarán cómo es que aquí se está entregando el país al comunismo y al terrorismo, o convirtiendo en delito político el narcotráfico, y se les está persiguiendo judicialmente por las fechorías que muchos de ellos ejecutaron mientras eran los amos y señores de Colombia o aspiraban a la Presidencia de la República.

Y ante esa amenaza necia de Uribe en el exterior despotricando de su exministro de Defensa, tanto el Gobierno como el presidente del Senado se mostraron asustados e indecisos. Si alguna cosa les ha resultado mal al Gobierno y a los partidos de la Unidad Nacional es precisamente que se hubiere siquiera pensado en prohibirle a Uribe que se desplazara al exterior para promover su campaña de desprestigio y de retaliación. A quien se le ocurrió esa estrategia tan mezquina como idiota, francamente hay que desconfiar de él, bien porque se trata de un quintacolumnista al servicio del uribismo, como los hay inclusive en el alto Gobierno, o sencillamente porque no tiene idea de lo que está haciendo.

La tal visita de Uribe y los suyos al extranjero no tenía por qué asustar a nadie y mucho menos al Gobierno. O es que la situación es tan precaria que se teme que la comunidad internacional retire el apoyo al proceso de paz y a Santos, sólo porque el bocón exmandatario llegue con sus fantasiosas teorías de que el comunismo se apoderó del país y que él y sus áulicos son perseguidos. Por supuesto que no, la gente no es boba, y mucho menos los políticos americanos, mejicanos y europeos. El Gobierno, en vez de dar señales confusas acerca de su preocupación con los inútiles desplazamientos de Uribe, ha debido incentivarlos y desearles buen viaje.

Como muchos colombianos tampoco creo que alguien en la Casa de Nariño haya llamado al Senado pidiendo que no le concedieran permiso para sus viajes, como lo aseguró el expresidente. Y no es creíble esa versión no sólo porque la negó el propio presidente del Senado, sino además porque de haber sido cierta, el expresidente no habría tenido inconveniente en identificar al supuesto funcionario que andaba orquestando semejante tontería. El senador Uribe lanzó la especie pero se guardó el santo del milagro, obviamente porque no tuvo a quién sindicar con nombre propio. Pero el Gobierno sí le hizo el favorcito de que quedara ambientada la idea de que les teme a Uribe y a sus correligionarios hablando con unos pocos congresistas extranjeros.

Ninguna preocupación puede suscitar que varios de los subalternos vayan al exterior a propalar sus exóticas teorías y quejas. Basta oír la cantidad de disparates que algunos de ellos han soltado en sus intervenciones, como sostener que el DAS dependía del Ministerio de Defensa y no de la Presidencia, o la precaria hermenéutica de la senadora María del Rosario Guerra sobre la contratación estatal, con la que debió espantar a los oyentes de Hora 20, para solo citar algunos pocos casos.

Ojalá los dueños del Gobierno entiendan que Uribe entre más vocifere, insulte y calumnie, más se desprestigia. Déjenlo delirando.

Adenda. La Corte Constitucional con la sentencia sobre adopción de parejas del mismo sexo tiene la oportunidad de ratificar su estirpe garantista y pluralista o de sumarse al oscurantismo y a la intolerancia.

 

 

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