Por: Harry Sasson

¿Popeye tenía razón?

Lejos del tratamiento que tradicionalmente le ha dado la comida francesa a estos vegetales, la receta de hoy propone disfrutarlas apenas salteadas y crujientes.

La dichosa espinaca fue cultivada por primera vez en Persia, y los árabes se encargaron de introducirla a Europa. Sin embargo, no alcanzó su merecida popularidad hasta que el famoso Popeye la mostró al mundo como un alimento sumamente nutritivo. De hecho, un par de generaciones crecimos creyendo que, como el simpático marinero animado, si comíamos espinacas disfrutaríamos de una fuerza sobrehumana.

Pues resultó que esto no era tan cierto, pues la espinaca en realidad no es un súper alimento. La confusión surgió debido a que un científico hizo un análisis equivocado respecto del contenido de hierro de la espinaca, pero hoy se ha comprobado que no es más ni menos alimenticia que otros vegetales. Lo que sí es un hecho, y que quizá era lo que motivó a nuestro sabio Popeye, es que la espinaca es riquísima.

La cocina clásica francesa extendió una preparación poco favorable para las delicadas espinacas: se blanquean, se exprimen fuertemente envueltas en un lienzo, se pican y finalmente se saltean con mantequilla, nuez moscada y tocineta. En resumen, poco queda de estas lindas hojas verdes. Yo prefiero tratarlas con más cariño, y por eso el método que sigo, y que recomiendo para nuestra preparación de acompañamientos de esta semana, es saltear apenas las hojas crudas para que se ‘duerman’ levemente, conservando todo su sabor y algo de crunch. No olviden que la espinaca hace bulto cuando está cruda, pero al cocinarse se reduce a su mínima expresión.

 

Espinacas salteadas con mantequilla y almendras

Ingredientes (Para 2 personas)

1 libra de espinacas frescas, bien lavadas y sin el tallo

2 cucharadas de aceite de oliva

1 diente de ajo machacado

1/4 de taza de agua

Jugo de medio limón

1/4 de taza de almendras tostadas

2 cucharadas de mantequilla

Sal y pimienta negra

Preparación

En un wok o sartén grande caliente el aceite de oliva y sofría el ajo. Agregue las hojas de espinaca, el agua y el limón. Tape y deje sudar durante unos segundos, y añada la mantequilla y las almendras. Sazone con sal y pimienta negra, y sirva inmediatamente.

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