Por: Lorenzo Madrigal

Populares y populistas

Siguen lloviendo improperios contra el vicepresidente Angelino Garzón. Diría que nos embelesó el presidencialismo de Uribe y que ahora, en pleno unanimismo, debiéramos rodear a Santos, hasta protegerlo de sus propios amigos.

Se repite que el vice le contestó con altanería al mandatario, al recordarle que él también es de elección popular y que, de ser el caso, se llevaría el cargo (yo diría, la investidura) para su casa, despojado de cualquier encargo burocrático. No se menciona, en cambio, que el presidente, en un sábado feliz, lo sacó del juego, lo echó, por discrepar de las definiciones del Departamento de Planeación.

Se dice que, claro, es un sindicalista y, por tanto, populista, y que plantea lo que se escucha con agrado en los sectores populares. Ojo, este es un país con fama de perseguir a los sindicalistas. Pero es el momento de hacer la distinción entre quienes son llamados, muy apropiadamente, populistas y los populares.

Los populistas afectan el interés por las reivindicaciones sociales y, por lo general, irrumpen de un momento para otro. En América Latina se ha visto cómo hombres en armas, duros con el pueblo, cuando del orden público se trata, traslapados a la política o como golpistas de Estado, se afirman en la llamada lucha de clases y les endulzan el oído a las menos favorecidas, transformándose, sin saberse cuándo, en líderes populistas.

Populares, en cambio, son los hombres (o mujeres) que tienen el sabor de su clase y que han ascendido a las posiciones directivas sin perder el dolor y la queja por la injusticia social. Gaitán fue uno de ellos, no importa si en lo personal fuera amigo de lujos y comodidades, producto de su esfuerzo. Su dinero, mucho o poco, no fue fácil, ni su herencia millonaria. La cruel sociedad, esa sí acomodada y a sus anchas, lo tachó de arribista y el club de la élite le echó balota negra a quien ya llegaba a la presidencia de la República. Su asesinato, sin embargo, no tuvo origen clasista, sino de coyuntura revolucionaria, para crear caos en la Conferencia Panamericana del 48.

Popular es, sin duda, Angelino Garzón, y como lo reiteró ayer, si lo escogió el candidato Santos, fue a conciencia de las diferencias de extracción social y política. Lo que pudo favorecer en ese momento la aceptación de quien tenía, para entonces, grandes resistencias. La revista Semana, dirigida por el sobrino del presidente, le cobra a Angelino su desagradecimiento, aunque habría que ver quién le hizo el favor a quién.

La lealtad que se deben presidente y vicepresidente ha de ser, a mi juicio, equitativa, como entre amigos, nunca sometida, y si el presidente le falta al respeto al vicepresidente y éste responde con legítimo orgullo, es de celebrarse, pero, sobre todo, que no exista en el vicepresidente el ánimo subalterno de renuncia.

 

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