Por: Ramiro Bejarano Guzmán
Notas de Buhardilla

Populismo armado

Las brutales imàgenes del secuestro de los líderes de la oposición venezolana, Leopoldo López y Antonio Ledezma, marca el inicio de la cuenta regresiva para una dictadura que ya empezó a naufragar. Mientras Maduro manipula los medios para que estas noticias no se divulguen en su país, el mundo entero, por fin, parece haber comprendido que permanecer neutral frente a la Venezuela de hoy, es una forma peligrosa de tomar partido.

El chavismo, que arrancó ganando todas las elecciones, encontró terreno abonado para el populismo. Entonces los partidos políticos estaban desprestigiados, divididos y arrinconados por la aplastante desigualdad social y la inmensa corrupción. Chávez entendió ese instante y lo supo aprovechar, porque la mayoría de los venezolanos creyó que se trataba de un hombre providencial, un segundo libertador, cuando apenas era un chafarote experto en bravuconadas y arbitrariedades.

El populismo chavista sacó a los militares de sus guarniciones y los resultados están a la vista. Maduro, un personaje tiránico de precarias entendederas, hoy es reo de generales y coroneles que respaldan ciegamente su régimen, sin advertir que se está quedando sin pueblo y solo en el concierto de las naciones. Mientras Leopoldo López purga prisión injusta en una mazmorra caraqueña y Antonio Ledezma sigue detenido en su casa sin saber la razón, el siempre arrogante Maduro sabe que es un títere, y que tarde o temprano esos militares que hoy lo aplauden y consienten, mañana también lo dejarán solo.

Todo lo que ha pasado en Venezuela ha sido un horror, pero lo que más ha impresionado ha sido el deterioro de su sistema judicial, hoy alejado de los códigos civilistas que antes hicieron respetables a sus magistrados, jueces y abogados, y matriculado en los manuales de las brigadas militares. Por eso no les importó tomarse por asalto en la madrugada las residencias de López y Ledezma, dos personas indefensas, pero no contaron con que alguien también estaba grabando el suceso que llenará por siempre de vergüenza a esa caricatura de Tribunal Supremo y a los militares. No es la primera vez que oficiales venezolanos utilizan el poder judicial para perseguir y reducir a sus contradictores. Baste recordar las estremecedoras dictaduras que a lo largo del siglo XX sacudieron a Venezuela, durante las cuales también la justicia se puso al servicio innoble de perseguir a los contradictores. El gesto no les es extraño, pues desde la colonia asistimos al atropello judicial, como cuando el general venezolano Rafael Urdaneta le montó el juicio atroz a Santander involucrándolo injustamente en el atentado a Bolívar del 28 de septiembre de 1828.

Qué quedará en Venezuela cuando caiga Maduro y el desgastado chavismo. El ejemplo para América Latina no puede ser más revelador. El binomio populismo y fuerzas armadas dejará ese país en ruinas a pesar de ser uno de los productores de petróleo más poderosos del planeta, lo dejará también sin justicia, y se necesitarán muchos años, tal vez una generación completa, que sea capaz de reorganizar la sociedad hoy completamente fracturada, pero también de preparar una clase política habilitada para gobernar y poner orden en los cuarteles y batallones para que la milicia se entregue a lo suyo y deje de hurgar los bienes del Estado.

Ojalá la lección quede aprendida y que los primeros en asimilarla seamos los colombianos. Que no nos pase la misma desgracia. No más hombres mesiánicos, ni empresas fundamentalistas. Las aventuras democráticas fundadas en el populismo y respaldadas con las bayonetas son un pésimo experimento. La explosiva mezcla de gobernar a punta de populismo —de izquierda o de derecha, ambos son iguales de perversos— respaldado con el apoyo agresivo de los militares, terminó llevando al desastre a la cacareada revolución Bolivariana de la República de Venezuela.

Adenda. Sergio Jaramillo lo hizo bien como alto comisionado para la Paz. De ello no hay duda. Veremos cómo le va a su sucesor, Rodrigo Rivera. Al liberalismo le fue mal en el cambio de gabinete, pues terminó muy maltratado Camilo Sánchez.

notasdebuhardilla@hotmail.com

 

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