Por: Alvaro Forero Tascón

Populismo de derecha

Los ascensos de Donald Trump y de Marine Le Pen demuestran que el populismo de derecha goza de buena salud en el siglo XXI. También se le denomina macho populismo, para incluir a otro “hombre fuerte”: Vladimir Putin.

En América Latina se asocia el concepto de populismo exclusivamente con la izquierda, cuando según Michael Kazin “los movimientos populistas pueden estar a la derecha, en el centro o en la izquierda. Pueden ser igualitarios o autoritarios, y pueden depender de redes descentralizadas o de un líder carismático. Pueden impulsar nuevas relaciones sociales y políticas, o romantizar el pasado”.

Lo distintivo de este nuevo brote populista es que no se limita a los temas económicos, sino que asumió la bandera antiterrorista luego de los atentados de París. En el caso de Trump, su rechazo frontal contra la inmigración musulmana y sus propuestas de bombardear Siria hasta el infinito, ha sido lo que lo consolidó en las encuestas, al punto de que ya parece posible que sea el candidato presidencial del Partido Republicano. Por eso en Estados Unidos se habla de la simbiosis Trump - Estado Islámico, pues se alimentan mutuamente: cada nuevo exceso político del uno fortalece la lógica del otro.

Que un candidato tan vulgar pueda quedarse con la nominación republicana en una democracia madura como la estadounidense ratifica que, cuando hay graves dolores y temores coyunturales, llega un populista que prende la mecha de la rabia y el odio. Aunque si Trump ganara la Presidencia, lo que es improbable porque candidatos de su corte, como Goldwater en 1964, son aplastados en las elecciones generales, como es un populista de derecha buscaría lavar su triunfo insurgente tomando banderas conservadoras más legítimas, para acceder al apoyo del establecimiento político y económico. Kazin explica que “los populistas de derecha se alimentan de los reclamos de la gente contra quienes ven como sus opresores, pero que terminan desviando el descontento popular de cambios sociales positivos, canalizando la rabia contra grupos marginales que son blancos vulnerables políticamente”. Por eso Trump no promete cambios de fondo, sino saciar a sus furiosos seguidores expulsando a los mexicanos a patadas y bombardeando al Estado Islámico hasta el último combatiente. Su teflón se debe a que a los populistas de derecha y de izquierda no les cuesta políticamente insultar, exagerar y distorsionar, porque es precisamente eso lo que complace a sus seguidores enceguecidos de pasión.

Es en este nuevo escenario mundial que tendría lugar la campaña del plebiscito para la paz. Porque Le Pen ya perdió en Francia, luego de que sus avances en la primera vuelta de las elecciones regionales asustaran a las mayorías, y Trump seguramente perderá, es inevitable pensar que si lo que se teme es un futuro populismo de las Farc, no se debe facilitar con una campaña de populismo anti Farc. Porque como dice Kazin: “un movimiento populista de derecha es un movimiento populista represivo motivado por una reacción contra movimientos de liberación o reformas sociales. No quiere decir que los objetivos del populismo de derecha sean solo defensivos o reactivos, sino que su crecimiento es alimentado por temor a la izquierda y a sus avances políticos”.

 

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