Por: Alvaro Forero Tascón

¿Populismo en Colombia?

Ningún país de América Latina ha tratado de evitar el populismo tanto como Colombia.

Al punto que el historiador Daniel Pecaut sostiene que “lo que más asusta en Colombia no son las Farc sino el populismo”, refiriéndose a la lógica de que hay que mantener el conflicto armado para frenar la llegada “inexorable” del populismo chavista. Según Pecaut, la guerra es un factor de estabilidad política, que desincentiva hacer reformas.

El coco del “castrochavismo” busca revivir ese terror al populismo, encubado durante 70 años por la amenaza bolchevique que arengaba Laureano Gómez, y por dos grandes “sustos”: el de Gaitán y el de Rojas Pinilla, conjurados ambos a las malas. De esos sucesos viene la lógica arraigada de que todo vale para frenar al populismo, cuya expresión más degradada fue la promoción del paramilitarismo.

Sectores conservadores están sosteniendo que Colombia sufre de populismo. Consideran que las ofertas de paz y mayor equidad del gobierno Santos son populistas. Programas como las casas gratis, medidas como la reforma tributaria de 2014 y el aumento del presupuesto para programas sociales, señalamientos como “enemigos de la paz”, son considerados populistas. Algunos llegan a señalar de populista el propio programa de infraestructura.

Sin embargo, simultáneamente se acusa al gobierno Santos de tecnocrático y estar desconectado del país. En lo económico, la reducción de pobreza se ha dado principalmente por generación de empleo formal, se ha profundizado el libre comercio, y el aumento de ingresos tributarios ha sido proporcional al de las utilidades (el patrimonio de quienes pagan impuesto al patrimonio se ha multiplicado en 50% en los últimos cinco años), y al petróleo. Santos redujo el déficit fiscal que recibió e introdujo la regla fiscal, la medida más ortodoxa posible. En lo político, el Gobierno tiene una base política multipartidista y un discurso que promueve las instituciones y el modelo económico. La principal bandera del Gobierno —la paz— no solo no es populista, sino que le ha costado un desgaste político enorme.

Colombia puede estar sufriendo más bien de cierto populismo de derecha. Contagiándose de los partidos populistas de protesta de derecha radical en boga, como el Frente Nacional francés, el Alternativa para Alemania y la facción republicana del Tea Party. Son partidos anti, que nacen para oponerse a gobiernos reformistas y cuyo sustento es la rabia contra un grupo social, contra los impuestos, el Estado, y que combinan banderas como ley y orden, el nacionalismo y la austeridad, alimentándose de los problemas sociales y la inseguridad, pero sobre todo de la desilusión frente al sistema y las instituciones.

El Centro Democrático es una expresión de este fenómeno. Así como el Frente Nacional se nutre de oponerse a la política migratoria basada en el odio a los africanos, el partido uribista se alimenta de oponerse a la política de paz basado en el odio a las Farc.

En América Latina es inevitable que se llame populista a quien combata la desigualdad. Porque, en cambio, el populismo de derecha “tiende a desviar el descontento popular del cambio social, canalizando rabia contra grupos marginales que son blancos vulnerables” (Kazin). 

 

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