Populismo, para mi prima

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Simón Bolívar alguna vez dijo que en Latinoamérica vivíamos dominados por el engaño. Tenía mucha razón.

Con apenas diez años, la edad que tiene mi prima, me lancé a representante de grupo. Dije que no prometería cosas que no podía hacer pero que les aseguraba una voz honesta que los representaría muy bien. Si mal no recuerdo conseguí dos votos (contando el mío); hasta ahí me duró la sed de política. Dice mi prima que debí hacer lo normal: prometer una piscina en el colegio, tener tardes libres y descansos más largos.

En América Latina cuando crecemos no superamos el populismo, solo cambiamos de populistas.

Evo Morales, los Kirchner, Lula y Petro se autoproclaman los voceros del pueblo, así que cualquiera que no comparte sus ideas es porque está contra el pueblo. Ellos son los mesías que dicen que todo está mal para venderse ellos mismos como la solución. Chávez, el populista por excelencia, prometió quitarles a los ricos para darles a los pobres y así lo eligieron democráticamente.

—¿Primo, eso tiene algo de malo? ¿No es bueno beneficiar a los pobres? —me preguntó Isabel.

—La verdad es que esa idea es políticamente atractiva, incluso moralmente intuitiva. Lo malo es cuando vemos lo que pasó: al tener la redistribución como única propuesta para superar la pobreza, se olvida lo más importante, ¡la creación de riqueza!

—Despacio, primo. ¿No es mejor redistribuir para tener una sociedad más igual?

—Mira, Isabel, te doy un ejemplo: Zimbabue es un país más igualitario que Colombia.

—Pero Zimbabue es muy pobre, ¿no? —me interrumpió preocupada.

—Así es, Isabel, por eso ese no puede ser nuestro rumbo. Si vamos a reducir la desigualdad, que sea porque los pobres cada vez están mejor; si nos enfocamos en reducir la pobreza y así se reduce la desigualdad, ¡bienvenido sea!

Lo pensó por un momento; no era la primera vez que hablábamos de desigualdad. Ya veía venir una pregunta común en quien apenas está aprendiendo de economía.

—Ya sé —me dijo—. ¿Qué pasa si los pobres mejoran mucho, pero los ricos mejoran aún más?

—Sería excelente, nuestra meta no es tener una sociedad sin ricos; ¡la meta es tener una sociedad sin pobres!

Chávez confundió a muchos en su país; cuando se le quita al productivo para darle al no productivo y hacerlos iguales. Eliminó el incentivo para producir y así se pierde la creación de riqueza, que es la única vía sostenible para salir de pobres.

La lucha no es fácil, el líder populista apela a las emociones: el odio, la esperanza, el amor, la justicia. Mientras el populista propone soluciones fáciles (quíteles a los ricos, no gaste en defensa, no produzca petróleo, no se deje medir por la OCDE), el demócrata habla de costos y beneficios, elecciones inevitables entre una cosa u otra y del análisis serio.

La lección de la semana para mi prima, en la vida y la política, es que a las soluciones fáciles usualmente hay que huirles.

@tinojaramillo

#EconomíaParaMiPrima

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