Por: Cristo García Tapia

Por ahí no es la cosa

En gracia de validez histórica, es pertinente reconocer que nuestra democracia está en proceso continuo de fermentación y maduración, si bien tardío y para nada integral ni mucho menos consolidado como deseamos, sí promisorio en una nación que a lo largo de su recorrido republicano apenas si ha ido más allá de los protocolos y formalidades que este modelo de gobierno conlleva.

De las formas y apariencias, mas no de los saltos cualitativos que en su praxis y desarrollo ha permitido el advenimiento de nuevas formas y contenidos, tanto políticos, como filosóficos, sociales, humanísticos y de género, trayendo consigo la incorporación de conceptos como inclusión, diversidad, Estado social de derecho, tutela, derechos ciudadanos: humanos, colectivos, sociales, económicos, culturales; libre desarrollo de la personalidad, democracia participativa y pluralismo, entre otros conceptos que han posibilitado la materialización del progreso, la equidad y la inclusión de amplios sectores de la sociedad y su inserción en el aparato productivo y el sistema político.

Jalonada por las dinámicas de la globalización, de manera particular las políticas, y a pesar de su lentitud y anomia, resulta razonable registrar los avances de nuestra democracia, de estirpe liberal, de sus instituciones políticas, en la perspectiva, búsqueda y encuentro de su verdadero destino histórico, siempre adulterado y extraviado en el proceloso camino de los intereses particulares y el menudeo de una clase y partidos políticos falseados.

En tanto la democracia, aunque tardía y a contrapelo de sus mandamases avanza, la izquierda colombiana se paraliza y cuando se mueve es para retroceder.

Si alguna vez lo tuvo, abandonó su norte de reivindicación del país nacional, de modernidad y de poder; perdida para siempre en los andurriales de la burocratización, el sectarismo y la egolatría de sus jefes naturales, distrae su decadencia en la ortodoxia estéril del anacronismo doctrinario y filosófico; en el vértigo ideológico de una praxis política gaseosa, sin sustento histórico y horra de contemporaneidad y realizaciones.

Penosa dolencia de la cual da razón válida la actitud y conducta políticamente incorrecta del abucheo al presidente Duque en Cartagena, en la movilización de rechazo a la violencia y asesinato sistemático de líderes sociales y guerrilleros desmovilizados durante este y los precedentes gobiernos, a la cual se le conminó asistir hasta lograr su participación y por ahí, su sobreviniente solidaridad, la del Gobierno y del Estado con las víctimas del genocidio que, día tras día, cobra sus réditos oprobiosos en sangre y dolor de colombianas y colombianos desvalidos.

Si en vez de las provocaciones infantiles con las que creyó ingenuamente acorralar al presidente y hacerle un “juicio de responsabilidades”, hubiese la izquierda estimulado y concertado el diálogo realista que imponía la especial circunstancia de su asistencia in situ a la movilización Caminemos por la vida de los líderes y lideresas de Colombia, de seguro se habrían obtenido resultados más promisorios para la causa superior de la puesta en vigencia de políticas públicas y el compromiso del presidente de la República de asumir y responsabilizarse de las medidas inmediatas y efectivas contra el sistemático asesinato de nuestros líderes sociales, desmovilizados de la guerrilla, soldados y policías.

Pero así no sucedió y se volvió a incurrir en la misma, reiterada, anacrónica y agotada maniobra de la provocación, cuyo desenlace era de preverse aun en contra de su voluntad: cerrar las vías del diálogo y los acuerdos que dieran en garantizar e implementar los medios idóneos para contener el genocidio en curso.

Cuanto esperamos ahora los colombianos del presidente Duque es que lo acontecido en la marcha de Cartagena no vaya a predisponerlo a tirar al mar la llave de su deber constitucional de “proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias y demás derechos y libertades”.

Entre los más, la vida y los derechos de nuestros líderes sociales.

* Poeta.

@CristoGarciaTap

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