Por el amor al oficio

Es frecuente que los altos dignatarios de nuestra institucionalidad, a la hora de explicar a los medios el porqué de la aceptación de las renuncias pedidas a sus subalternos (incluidas las de aquellos que gozan de un gran reconocimiento público), tengan por inapelable argumento el hecho de estar fundadas en el poder discrecional del cual se encuentran investidos.

Y que, igualmente, y en no pocas ocasiones, estén acompañadas de elogiosas palabras hacia el funcionario renunciante.

En cambio no lo es, que esos mismos dignatarios se dediquen contrariamente a ensombrecer las exitosas tareas desarrolladas por funcionarios probos y valerosos. E igualmente precedidos de la confianza y de la admiración de una buena parte de sus conciudadanos.

Es el caso concreto de Ángela María Buitrago, ex fiscal delegada ante la Corte Suprema de Justicia, cuya obligada renuncia le fuera aceptada por el actual Fiscal General encargado, argumentando la supuesta desatención en que habría incurrido la brillante funcionaria en relación con otras investigaciones a su cargo. Lo cual deja un mal sabor.

Pues las respuestas dadas por la ex fiscal Buitrago a El Espectador (Hubiera querido tener 48 horas al día, viernes 03-09-10), no podrían haber sido más serias y contundentes: los expedientes con preso tienen prioridad; nunca solicitó que se le excluyera de la carga laboral; trabajó aun cuando tuviese incapacidad médica; afirma que es receptiva de las apreciaciones jurídicas, pero igual defiende su independencia y autonomía; no teme por su vida y dice no tener enemigos; aclara que las investigaciones no se adelantaron contra el Ejército, sino frente a comportamientos de personas pertenecientes a esa institución; desea ser magistrada y se declara satisfecha con su labor en la Fiscalía.

Parodiando a nuestro Nobel García Márquez: si esto no es amor por la profesión, entonces, ¿qué carajos es?

Queda entonces claro que el intento de soslayar mediante unas supuestas faltas laborales la valerosa gestión adelantada por la ex fiscal Buitrago contra cuestionados dirigentes de la politiquería, jefes seccionales del propio ente acusatorio y antiguos directores del DAS, como asimismo la histórica condena emitida en el caso del Palacio de Justicia, representa algo más que desconocer la larga historia de hostigamiento y de muerte que marca la historia reciente del peligroso trabajo de los operadores penales en Colombia.

 

 Ramón Francisco García. Ocaña.

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