Por: Mario Morales

Por el respeto

No. Ya ni siquiera se espera por un líder, en el sentido clásico de la palabra. No lo hay. No se ve. Hoy, en medio de la mediocridad política signada por la improvisación y el atropello, acaso sea lo mínimo clamar por un dirigente serio, consecuente, con vergüenza, nada más.

Pero ni eso. Ahí está el bochornoso rifirrafe de los precandidatos del autodenominado Centro Democrático, que quizás sea el mejor (peor) ejemplo de la inestabilidad moral y ética de quienes aspiran a gobernarnos... Y ese lamentable espectáculo de avivatadas, conspiraciones, cambio de reglas y mutuas acusaciones...

Trenzados en lucha “vale todo” se esconden tras un presunto “legado” que se desdice a punta de sus improvisaciones. Se nota que no saben para dónde van, ni lo que quieren, ni cómo conseguirlo. El temor del estruendoso ausentismo en las urnas los devolvió al “dedazo”, mientras se les ocurre otra genialidad. Brillante plataforma.

No se queda atrás el presidente Santos sometiendo dizque a “consulta” inesperada de los partidos, casi que levantando la mano, la continuidad de los diálogos de paz. Y los ciudadanos creyendo que esa era su apuesta más firme... Más allá de esa táctica, como advertencia a la guerrilla, él y su equipo tienen que blindar de politiquería a las conversaciones, que deben continuar sin pausa. La paz no debe ser un jueguito sino una política de Estado. Un paréntesis les daría todas las oportunidades a los enemigos de la paz.

Y los “verdeprogresistas”, en las mismas. No se trata de sumar por sumar para subsistir transitoriamente, sino de establecer una propuesta programática factible que cualquier candidato pudiera defender con idoneidad. Tiene razón Clara López: de esa yunta no se sabe qué puede salir.

Triste panorama a medio año de elecciones. Dan pena todos. Ya lo decía Lichtenberg, el escritor alemán: “Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto”.

 

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