Por: Juan Carlos Piedrahita

Por eso hay que cantar Aleluya

En serio se tomó Piero el juego de hacer música para niños. No hizo un par de cancioncitas para salir del paso. Tampoco recurrió a la vendedora fórmula del facilismo de arrullar a los oídos en formación con coros repetidos y mucho menos optó por tratarlos como primates.

Creó un mundo paralelo. Lo imaginó con animales conformando una gran orquesta de instrumentos. Pensó en maneras alternas de contar la historia y lo hizo desde el génesis resaltando lo simple, los dulces, el agua, el alimento. Se acercó a los gustos infantiles y, tal vez, pensó, sintió y recordó qué le hubiera gustado escuchar durante sus primeros años.

El resultado de ese proceso de introspección, de ir de más a menos edad pero de menor a mayor imaginación, es La sinfonía inconclusa en ‘la’ mar, que cumple hoy 35 años de vigencia sonora. En 1973 tuvo su primer intento de publicación, pero fue el 13 de julio de 1976 cuando llegó, oficialmente, a formar parte de la industria discográfica y de ahí no se ha ausentado ni por las acciones de la ‘gran ballena sorda’, ni por las crisis en la producción musical.

La creación y La sinfonía inconclusa en ‘la’ mar fueron las piezas de ese registro de mayor divulgación durante las décadas del 70 y el 80. La primera porque es un cuento bien echado con comienzo, desarrollo y desenlace, y la segunda, porque es un juego en el que Piero se metió de principio a fin. El argentino hubiera podido disponer de todos los instrumentos que menciona en su relato pero, una vez más, se alió con la imaginación y con una base de piano, guitarra y batería logró una sinfónica. ¿Alguien tiene alguna duda de que lo que suena ahí es una orquesta? Trombones, trompetas, flautas, platillos, contrabajos, violines, arpas y hasta una lira son interpretados por animales no sólo marinos, sino afinados, todos ellos dirigidos por Piero, el cantautor que se tomó en serio este juego sincopado.

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