Por: Mario Méndez

Por favor, señor corrupto

Parece que el presidente Juan Manuel Santos rechazará varios proyectos de ley aprobados en el Congreso. ¿El argumento? No hay plata. Tomando en cuenta que, según algunos analistas, la corrupción se lleva alrededor de $50 billones anuales, queremos pedirle un favor inmenso, señor corrupto: que de los porcentajes que usted se embolsilla en contratos mal habidos, mal cumplidos y otras formas de participación en la economía pública le baje a un 50 por ciento. El país ahorraría así unos $25 billones, suficientes para que el presidente y su ministro Mauricio Cárdenas no tengan pretexto para objetar proyectos aprobados.

Si usted afloja en sus ambiciones, además de que tiene la oportunidad de lavar un poco su conciencia, puede ayudar a las madres comunitarias que trabajan semiinformalmente con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, de modo que ellas puedan ingresar a la nónima oficial, convirtiéndose en empleadas, con todas las formalidades laborales que cobijan a los demás trabajadores del ICBF.

Asimismo, señor corrupto, puede contribuir a que el pensionado, frente a una promesa de Santos que ahora quiere incumplir, disfrute un poquito más de la mesada, miserable en la mayoría de los casos, que ganó después de muchos años de servicio honrado. En ese sector de colombianos hay muchos familiares suyos que reconocerían su sacrificio, señor corrupto. ¿Qué le cuesta?, diría una persona ingenua. ¿Por qué no conformarse con la mitad de lo que le roba hoy al Estado? No sobra algo de patriotismo, señor, en favor de un millón y medio de pensionados.

Veamos: La mayoría de los jubilados no reciben más del equivalente a un salario mínimo (por mandato legal, no puede haber mesadas inferiores hoy a $737.717). Si el presidente firma lo que aprobó el Senado, a ese compatriota le quedan líquidos $59.017 más, es decir, como para pagar un recibo de servicios, o para ir a cine con su mujer o su marido, según el caso.

También se aprobó que en el caso de las mujeres se bajen las semanas de cotización exigibles de 1.300 a 1.150, en forma tal que el tiempo de trabajo para acceder a pensión se reduzca en un poco menos de tres años. Pero no: el presidente y su cancerbero de Hacienda también aquí alegan razones fiscales.

¡Juéguesela, señor corrupto! Confórmese con la mitad de lo que les birla a las finanzas del país, o de pronto con la tercera parte… Pudiera ser, que de todas maneras es una jugosa tajada. ¿O será que la piquiña de las tentaciones frente a tanto billete no le permite a usted ser menos corrupto? Pienso en esta suerte de solución porque existe la sensación de que el Gobierno se hace el de la vista gorda, a no ser que se trate de algo que despierte el rechazo rotundo de la gente. Frente a ciertas circunstancias que acompañan la comisión de un delito, el Gobierno ha logrado que la verdad salga a flote. De otra parte, sólo un presidente algo pintoresco propuso alguna vez —dicen— bajar la corrupción a sus “justas proporciones”.

Corolario: Pudiera suceder algo insólito: que muchos colombianos salgan a la calle a agradecerle su desprendimiento, señor corrupto.

* Sociólogo Universidad Nacional.

 

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