¿Cómo hacer para que el mandato anticorrupción no quede en el aire?

hace 3 horas
Por: Cecilia Orozco Tascón

Por muy mal camino

EN EL DESPELOTE QUE EXISTE hoy Bogotá es muy parecido al que había antes de Mockus y Peñalosa. La buena fama que la capital conserva (sólo por un tiempo), ha hecho que los turistas se engañen con el espejismo de una ciudad que dio un vuelco y se recuperó para la gente.

Pero nosotros ya no nos comemos el cuento. Por eso es hora de pasar unas facturas y de decir que no creemos que en beneficio de los magníficos comedores comunitarios había que dejar caer el resto: Bogotá perdió en los últimos años lo que había conquistado mediante la voluntad política de dos alcaldes que se arriesgaron. El primero, a cortar el cordón pecaminoso de la administración con los Concejos chantajistas; el segundo, a realizar obras de gran envergadura, desafiando el poder económico y político de quienes representan los grandes intereses privados de esta urbe.

Después de los períodos dorados de ese par de burgomaestres, casi todo se ha echado a perder ante la mirada indolente de los capitalinos y de las autoridades distritales. Nadie va a asegurar que por ocupar el palacio Liévano siete meses, Samuel Moreno es el culpable del desastre. Sin embargo, más le conviene moverse pronto y orientar su gestión con los intereses públicos como su único objetivo, o la hecatombe bogotana terminará bautizada con su nombre. Me temo, no obstante, que el Alcalde se dejará dominar por las agremiaciones y hasta por los vendedores ambulantes —que abusan de los bienes de la ciudad tanto como los ‘ricos’—, por el prurito de que a los pobres, por serlo, no se les debe exigir el cumplimiento de la ley.

Muchos de los de arriba y de los de abajo abanderan aquí la contrarreforma, y han sido efectivos pues han engañado a los bogotanos e incluso a la prensa, con causas que aparentan ser sanas aunque en el fondo son egoístas y clasistas. Así nos han aprobado graves medidas en nuestras narices:

• Por ‘idea’ de un conservador y con la ponencia favorable de un miembro del Polo, el Concejo traerá de regreso, apoyado por el Alcalde, la pesadilla de los parqueaderos en las calles, síntoma de que predominaron los intereses particulares del comercio contra los de los peatones. Dentro de unos días les diremos adiós a las aceras. ¡Ah!, conductores y comerciantes no le pagarán un peso a la ciudad.

• Los estacionamientos en las vías se les permiten, de hecho, a las empresas de taxis. En vez de invertir en sitios de parqueo, ese gremio ubica sus vehículos en paralelas y avenidas. Gran negocio: tampoco pagan y si la movilidad general se afecta. ¿Qué importa?

• Otro concejal del Polo —¡del partido de izquierda!— lidera el cerramiento de los parques “de bolsillo” (así los llama) dizque “por seguridad”, como si ésta consistiera, no en que haya garantías de vigilancia y orden público, sino en que ciudadanos y barrios estemos tapiados. El Alcalde también firmará esta medida.

• La fundación que se hace llamar Alimentarte usa de nuevo el parque El Virrey. ¿Para pasear? ¿Para oír un concierto como se hace en las áreas verdes del mundo? No. Para ¡comer! Eso sí, con el patrocinio de restaurantes de lujo. Alimentarte se niega a realizar su generosa actividad sobre cemento. Tiene que hacerlo pisando prados, vaya usted a saber por qué.

Súmenle al “milagro” de ciudad los atracos crecientes, los escoltas que paralizan el tráfico, los obreros de construcción en el espacio público, la retoma de los antejardines para garajes de edificios, los toldos en plazoletas, etc., etc. Que levante la mano quien no haya notado el alarmante deterioro de la capital.

 

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