Por: Óscar Sevillano

¿Por qué asistir al funeral de capos como alias "Gavilán" o alias "Inglaterra"?

Ver la imagen de un sepelio con asistencia multitudinaria de una persona que hizo parte del crimen organizado puede ser calificado por quienes vivimos en el centro del país como algo vergonzoso y sin ningún tipo de presentación. Sin embargo, para quienes habitan en los lugares donde este hizo presencia, puede ser una manera de manifestar el dolor por la partida de alguien que representó las soluciones en estos territorios a los problemas económicos que el Estado se ha mostrado incapaz de resolver.

Los funerales de Luis Orlando Padierna alias Inglaterra en Carepa, Antioquia, y de Roberto Vargas, alias Gavilán en Turbo, Antioquia, han sido motivo de grandes discusiones en las últimas semanas en Colombia, por la multitudinaria asistencia.

Desde Bogotá muchos califican este hecho como una especie de descomposición social en las regiones, porque desde la lógica del centro del país no se ve con buenos ojos que algunos habitantes de determinados municipios asistan con luto y dolor al funeral de alguien que ordenó muertes y estuvo involucrado en miles de hechos criminales que terminaron por convertir el territorio en zona de miedo.

Desde las regiones, especialmente en los municipios donde estos dos personajes vivieron, lo ven como algo normal, porque para muchos de ellos, alias Gavilán y alias Inglaterra significaron una especie de alivio económico a los problemas que a diario padecían, esto como consecuencia del abandono estatal en los diferentes territorios del país.

En la capital del país se le puede calificar al hecho como “un acto aberrante” que termina por validar al crimen organizado. En las regiones, algunos lo ven como una forma de manifestar sus agradecimientos a quienes, sin importar quiénes eran o qué hacían, prestaban atención a los que acudían en su ayuda. La pregunta del millón es, ¿cuál era el precio a pagar por un favor de parte de estos personajes?

No hay invitaciones gratis, y en el mundo de la mafia y la criminalidad mucho menos. Para nadie es un secreto que la lealtad es en la mayoría de ocasiones el precio a pagar por cada favor conseguido, hecho que se manifiesta en la medida en que la misma población ayude a cuidar la vida del capo, manteniéndole informado de cada paso que da la autoridad para capturarle, de la presencia de desconocidos en la zona y de algún movimiento sospechoso de parte de la policía o de las fuerzas del Estado.

La lealtad a los jefes de estas organizaciones criminales es quizás motivo de preocupación de los organismos de seguridad del Estado y de la misma Presidencia de la República, quienes encuentran en esta situación el argumento perfecto para justificar las pocas acciones que desde el centro del país se llevan a cabo para acabar con el crimen organizado, lo que de paso sirve a la opinión pública que vive en Bogotá para rechazar este tipo de afectos.

El desinterés por invertir en las regiones y la corrupción política que desde el nivel central se extiende a ellas sirve de gasolina para que en una especie de “venta al mejor postor” se apoye a quienes atienden el hambre que día a día les aqueja, no importa si es guerrilla, paramilitar, narcotraficante, gatillero, o si es una combinación de estas cuatro formas de ilegalidad, rechazando a quienes desde lo legal les llegan con hermosos discursos y pocas acciones.

Este debate es interesante en la medida en que deja ver las dos miradas que se tiene en Colombia sobre el deber ser de las cosas y el cómo son las cosas.

Desde Bogotá se puede ver todo muy bonito, y creer que cualquier actor criminal debe ser rechazado inmediatamente. En los municipios lejanos, especialmente donde estos hacen presencia, el pensar de los pobladores es otro, porque estos señores son una especie de Estado fáctico. Nada se hace sin su permiso o beneplácito, y son quienes representan las soluciones económicas. Por tanto, jamás será posible un rechazo hacia ellos en masa, entre otras, por el temor que enfrentan quienes viven en estos territorios a ser asesinados.

@sevillanojarami

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