Por: Felipe Jánica

Por qué emprender o hacer emprendimiento corporativo

Una de las decisiones más trascendentales a las que se enfrenta el ser humano, incluso desde edades tempranas, es la de decidir qué va a hacer para ser exitoso. Las respuestas dependen de muchos factores, pero uno de los más dicientes es la formación. No sólo es cuestión de educación formal sino también de la transmisión de valores de casa. En el caso de los niños cuanto más les demos herramientas (liderarlos con el ejemplo) mejores tomadores de decisiones tendremos para nuestros hijos y para la sociedad. En el caso de los adultos es importante perseguir sus sueños.

¡Es mejor ser empleador que empleado! Esa es una de las frases que ha calado en los últimos tiempos al referirse a querer ser emprendedor. Lo que pasa es que del dicho al trecho hay mucho trecho. Ser emprendedor requiere mucha dedicación, mucha formación y sobre todo tener claro en qué se quiere emprender. Para lograr la medida perfecta no es cuestión de suerte. De hecho cuanta más dedicación y esfuerzo se le dedica al emprendimiento con mejor suerte se corre. Pretender saltar al abismo es cuestión de sentido común. El emprendedor decide si se lanza en un proyecto de emprendimiento con todos los asuntos que ello implica, de lo contrario es como saltar sin tener un para caídas.

Para ser emprendedor hay que tener un motor interno. Ese debe ser el perseguir sus sueños, incluso aquellos que se generan desde edades tempranas. Por supuesto la velocidad no es amiga de la calidad, pero lo que sí es seguro en este mundo tan cambiante que cuanto más ágil se es con su decisión más oportunidades tendrá que su idea no sea adelantada por alguien más. Para evitar que su idea no sea pensada por alguien más y para evitar caer en el juego de la “velocidad no es amiga de la calidad” el emprendimiento que se piense debe estar bien sustentando en teoría de negocios y consecuentemente en investigaciones de mercado profesionales. Es decir cuanto más formación profesional se tenga más posibilidades habrá de emprender un negocio con la firme convicción de estar en la dirección correcta.

Es que no se trata de emprender por emprender, porque cualquier negocio de esquina es emprendimiento. La idea es que se analice qué es lo que necesita los clientes y con ello claro buscar un diferenciador de los negocios existentes o mejor aún buscar una idea de negocio que no esté aún establecida en su mercado primario. Esto incluso puede ser traer una idea de otro país y que sea, previo estudio de mercado, ajustable a la realidad local. Claro está que esta no sería ya una idea innovadora sino una copia de algo existente. Ahora bien si se diferencia de otros productos o servicios existentes, se podría tener una seguridad razonable que el producto o servicio podría ser bien acogido por clientes y con ello su emprendimiento sería perdurable, o por lo menos hasta que alguien más mejore su idea.

Con esta último es necesario que las empresas también tengan un espíritu emprendedor. Cuanto más piensen en diversificar o introducir nuevos productos o servicios más posibilidades tendrán de perdurar en el tiempo y con ello combatir los fracasos en los negocios o incluso las bancarrotas. Darse cuenta de emprender internamente es una necesidad perentoria. No hacerlo conlleva a que la empresa siga en su inercia de negocios en los que seguramente tiene utilidades sostenibles. Pero como todo en la vida tiene su final, pues las empresas no son máquinas sino gente, la idea es que las empresas busquen prolongar su vigencia en el mercado. Para ello es necesario que piensen estratégicamente y una de las tácticas debería ser emprender negocios dentro del negocio existente de manera que puedan diversificar su portafolio de productos o servicios de cara a la sostenibilidad económica. Así las cosas, nos enfrentamos a la eterna toma de decisiones de si se emprende o no y también de saber cuáles son los costos de ello pero más importante cuáles son los beneficios. Yo me quedo con la ilusión de hacer tangibles más los beneficios que los costos.

 

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