Por‌ ‌qué‌ ‌está‌ ‌mal‌ ‌lo‌ ‌que‌ ‌hicieron‌ ‌Twitter‌ ‌y‌ ‌Facebook‌ ‌con‌ ‌Donald‌ ‌Trump‌ ‌

Noticias destacadas de Opinión

Twitter y Facebook han anunciado que suspendieron permanentemente las cuentas de Donald Trump. Celebramos esta decisión porque nos gustan las niñeras. Nos gustan las niñeras que nos digan qué hay que creer y que nos oculten los sucesos que nosotros, los infantes, no podemos tolerar. Sin embargo, exigir la censura de Trump es inútil, inconveniente e, incluso, riesgoso.

Luego de la toma del Capitolio estadounidense, un turba de gente ha exigido que Trump sea retirado de las plataformas. La exigencia no viene sin argumentos: Trump ha abusado de estos espacios para desinformar e incitar a la violencia y las plataformas son las que pueden frenar sus publicaciones rápidamente. Vengo a presentar los argumentos que apoyan la opinión impopular de no bloquear las cuentas del presidente.

Lo primero es que nadie va a callar a Trump. Si el presidente se quiere hacer escuchar, se va a hacer escuchar. Hay redes sociales alternativas (como Parler, el Twitter de la ultraderecha) donde se comunican los usuarios inconformes con las normas de las plataformas grandes. Es decir, la conversación se divide en distintas redes sociales. En otras palabras, hay menos debate y más polarización. Por otra parte, lo que el presidente diga por fuera de las redes (entrevistas, ruedas de prensa, etc.) va a ser ampliamente conocido y comunicado por sus seguidores, por otros ciudadanos y por los medios de comunicación. En últimas, sus palabras irremediablemente volverán a Twitter y a Facebook. Para evitarlo tendríamos que apagar el internet.

Otro argumento que se presenta para defender la libertad de expresión es el del “libre mercado de las ideas”, que crea una analogía con el libre mercado económico: enfrentadas las distintas ideas en las redes sociales eventualmente emergerá entre ellas la ganadora, la que contiene la verdad. Sin embargo, es evidente que la verdad no siempre emerge. Defendemos, entonces, la libertad de expresión, porque conociendo las ideas perjudiciales nos preparamos mejor para vencerlas. Esta es la tesis del profesor de la Universidad de Columbia Vicent Blasi, quien sostiene que confrontando la falsedad y la maldad se moldea el carácter de las personas y de la sociedad. Según Blasi, solamente las personas fuertes (y no las normas represivas) pueden vencer a las ideas peligrosas.

Esta idea es muy poderosa, pero preferimos creer que el mundo va a ser mejor y más seguro si creamos espejismos en las redes sociales, porque eso es más fácil que abordar con seriedad los problemas estructurales que nos aquejan.

Por otra parte, es muy problemático darle tanto poder a Facebook. Si el presidente de Estados Unidos está diciendo que hubo fraude en las elecciones o que quienes se tomaron el Capitolio son [”muy especiales”], esto es algo que todos tenemos derecho a conocer. Pero le rogamos a Facebook que no nos deje ver las locuras del presidente; le suplicamos que, por favor, cambie rápido sus reglas para no enterarnos de asuntos de altísimo interés público.

¿Acaso no es mejor saber? ¿No es mejor tomar decisiones informadas? Después de todo, el hecho de que los ciudadanos conocieran ampliamente las palabras y acciones de Trump fue lo que lo sacó de la Casa Blanca.

Cuando exigimos la cancelación del presidente lo convertimos en la víctima de la censura y le entregamos -innecesariamente- las banderas de la libertad de expresión.

“Es que hay que mandar un mensaje. Hay que mostrarle a la gente que el presidente está equivocado. Es que lo que vale es el gesto detrás de la censura”. Carambas, nos está saliendo caro el gesto: cuando exigimos la eliminación de las cuentas del presidente renunciamos a informarnos, a debatir, a prepararnos, a decidir. Preferimos que Facebook nos haga de niñera.

@luisaza

* Luisa Fernanda Isaza es abogada, profesora e investigadora en Linterna Verde.

Comparte en redes: