Por: Juan Manuel Ospina

Por qué Finlandia tiene una juventud sin alcohol ni coca

¿Por qué las drogas, licor incluido, atraen  la atención de tanta gente? ¿La alternativa es la absoluta tolerancia dado que es mi vida, es mi vicio y a nadie esto le debe importar o molestar o, por el contrario, perseguirlo por encima de todo, porque más que un posible mal para el individuo es una amenaza  real para el conjunto de la sociedad?

Son preguntas que están angustiosamente presentes cuando Colombia vuelve a colocarse en la posición vergonzosa de proveedor insigne de vicio, pero ya no solo para el consumidor gringo “víctima del perverso latino”,  sino para cada vez más consumidores criollos;  y cuando a ello se agrega  el fallo de la Corte Constitucional y el nuevo Código de Policía que reabren el debate del derecho ciudadano a consumir drogas psicoactivas, que relacionan con el ambiguo concepto “del libre desarrollo de la personalidad”; y esto sucede cuando  se habían  logrado avances significativos y promisorios en el sentido de considerar el consumo individual como un asunto de salud pública y no simplemente de policía, al diferenciar tajantemente el tratamiento del consumo y el de la producción de las drogas.

La pregunta del porqué de ese consumo sigue sin tener una respuesta clara y, por esa razón, las políticas antidrogas de factura norteamericana, denominadas guerras, solo buscan extirpar los síntomas, expresados en la oferta, sin atender sus causas, expresadas en la demanda,  es decir,  las razones que llevan a las personas a consumirlas. Pues bien, hay en el mundo experiencias exitosas gracias a que no sucumbieron a la presión norteamericana de la guerra a las drogas. Se destaca Finlandia que hoy, luego de una experiencia de 20 años, presenta los menores índices de consumo juvenil de esos productos y ha logrado consolidar un estilo de vida saludable para su juventud.

En la base de ese éxito está el trabajo del psicólogo norteamericano Harvey Milkman, que parte de reconocer que se vive bajo condiciones de estrés  y que la adicción se inicia por la forma como se enfrenta esa situación. La adicción se origina en la química cerebral, en que la gente quiere cambiar su estado de conciencia y que hay “maneras naturales de embriagarse” para hacerlo, lejos del delito y de los estupefacientes.

Sus estudios y experiencia le han llevado a identificar actividades que tienen para el joven un efecto protector que le permiten enfrentar su situación de manera natural, sin droga. Son actividades y situaciones conocidas que hacen parte de la vida y nacen de reconocer el valor de las relaciones sociales, que como persona al joven se  le reconoce  su valor y se le apoya, especialmente por los padres que les dedican tiempo y atención, no de manera superficial sino real, y por el colegio y la comunidad en general; de la importancia de ceñirse a una normas o reglas de juego compartidas. Para ello los jóvenes realizan actividades de tipo deportivo o cultural que provocan cambios en  su química cerebral, facilitándoles así lo que necesitan para enfrentar mejor la vida e interactuar con los demás. Es no dejar solo al adolescente sino rodearlo, comprenderlo, acompañarlo y, fundamental, respetarlo. Es en el fondo darle confianza para que salga de su encerramiento, para comunicarse, para compartir, para darle “sentido colectivo” a  su vida personal en formación, que se teje con afecto en el seno de la familia, del trabajo en equipo con reglas, en las actividades de grupos de interés.

El tema no es dónde se puede y no se puede consumir vicio, sino por qué se consume, y esto no es de ahora, pues ha acompañado la condición humana desde siempre. Es posible cambiar el estado de conciencia sin acudir a los estupefacientes, prueba de ello es  la experiencia finlandesa, adelantada sin medios extraordinarios, pero sí con realismo y  sinceridad, con el afecto y comprensión que todos reclamamos y que los adolescentes hacen casi que como condición para sobrevivir y crecer en humanidad, en un medio capturado por el crimen, el inmediatismo  y un egoísmo que asfixia.

Más allá de las prohibiciones y las fumigaciones, lo determinante es  la capacidad de generar solidaridad y apoyo; para que la vida no quede reducida  al infierno en que hoy nos consumimos llenos de frustración y sin una luz de esperanza.

865569

2019-06-13T00:00:13-05:00

column

2019-06-13T00:15:01-05:00

jrincon_1275

none

Por qué Finlandia tiene una juventud sin alcohol ni coca

57

4550

4607

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Juan Manuel Ospina

Ahogados buscando un futuro

El vulgar matoneo vuelto política internacional

La hora de las comunidades