Por: María Elvira Bonilla

Por qué gusta el Hay Festival

LA INMEDIATEZ DEL MUNDO EN EL que vivimos es tan arrolladora que ha ido desplazando a la imaginación.

De allí que la literatura, cuyo reino es la ficción, esté cada vez más inspirada en hechos de la realidad del momento y la construcción literaria de personajes, situaciones y tramas surja de aquellas noticias que estremecen y conmueven.

Esta reflexión me surge de las múltiples conversaciones entre escritores que escuché en el pasado Hay Festival de Cartagena que acaba de concluir. Un evento inspirador. Su nombre viene de la pequeña población galesa Hay on Wye con 1.500 personas y 41 librerías —Bogotá cuenta con unas pocas, casi siempre localizadas en centros comerciales— donde nació como un encuentro entre literatos, cineastas, músicos y creadores que se reunían a conversar, a pensar. A Cartagena llegó hace 10 años.

Los escritores contemporáneos se han ido convirtiendo en una suerte de cronistas de gran calado que se mueven entre la realidad y la ficción, sin fronteras ni restricciones. Combinan hechos fácticos actuales o pasados que documentan con los que terminan armando novelas de la historia, un género que se conoce, a pesar del rechazo de los propios autores, como novela histórica. Los españoles siguen atrapados por la Guerra Civil española y otros por el derrumbe soviético y sus efectos globales, los múltiples holocaustos con el alemán aún presente, que el escritor Javier Cercas, uno de los platos fuertes del encuentro, justifica diciendo: “La única manera de que el nazismo no vuelva a ocurrir es tenerlo siempre presente”.

El Hay Festival junta a muchos de estos escritores universales y logra hacer de la conversación con ellos un espectáculo. No son entrevistas, son conversaciones entre buenos interlocutores veteranos como el mexicano Juan Villoro, Juan Gabriel Vásquez o jóvenes como Camilo Hoyos que estimulan entusiasman auditorios siempre llenos y estimulan a la lectura, a descubrir autores y obras. Son momentos que pueden resultar sorprendentes como el de la biógrafa de Leonard Cohen, quien terminó interpretando magistralmente sus canciones al ritmo del ukelele o el diálogo testimonial de Brigitte Baptiste con Andrew Salomon sobre la vida vivida desde sexualidades diversas o el pugilato intelectual entre Javier Cercas y Vásquez o el de Villoro con Le Clézio y las revelaciones de sus aventuras etnográficas.

El formato de la conversación entre escritores y no periodistas permite una aproximación distinta a la literatura y a esa vida que no deja de ser excepcional, de quienes se pasan los años guerreando solitarios con las palabras para descubrir las arrugas del alma, contactar sentimientos profundos y explorar emociones que la mayoría de gente quisiera borrar, olvidar, por miedo o por dolor, pero que ellos logran darles forma y convertirlas en libros.

Personajes como son los escritores que bucean internamente y observan hasta identificar momentos con los que los seres humanos pueden identificarse en cualquier lugar del mundo y tejerlos pacientemente, tercamente hasta encadenar relatos, historias que entretienen a los lectores que pueden perdurar o desaparecer efímeramente. El Hay Festival abre la puerta a ese encuentro con la literatura y con quienes la hacen y la enriquecen como ese gran tesoro que es y que le ha servido a la humanidad para entenderse.

 

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