Por: Alvaro Forero Tascón

¿Por qué la incertidumbre domina la campaña presidencial?

Se dice que la explosión de candidatos presidenciales se debe al debilitamiento de los partidos y de la capacidad del Gobierno para imponer sucesor. Pero estas razones son más consecuencias que causas. ¿Qué está causando estos cambios?

Una explicación simple es la incertidumbre. Cuándo no está claro cuál es el tema que decidirá el resultado electoral, ni cuáles son las tendencias ideológicas ni partidistas de los votantes, ni los efectos de la indignación contra la corrupción o del proceso de paz, ni las lealtades de los políticos, ni los candidatos de los principales partidos, ni las posibles coaliciones, ni la tendencia clara de las encuestas, pues no se sabe nada, ningún candidato tiene demasiada ventaja y el partidor queda disponible para que cualquiera aventure con tesis y apoyos distintos.

Pero ¿qué causa la incertidumbre? Creo que hay dos razones: el fin del conflicto armado, sobre el cuál estaba sostenido el sistema político colombiano (de los últimos nueve presidentes, siete fueron definidos por el conflicto), y la era del populismo en que vivimos, donde los ciudadanos votan más en contra que a favor, rechazando con rabia a la clase política, movidos por políticos que pretenden encarnar al pueblo bueno contra la élite política mala.

Esa incertidumbre no es exclusiva de Colombia, por supuesto. La sufrieron países como Francia y Estados Unidos y Reino Unido, donde nadie previó los resultados electorales recientes, ni nadie sabe qué consecuencias tendrán esos cambios políticos en el futuro. Eso implica que ni los expertos del mundo son capaces todavía de descifrar los elementos que determinan las elecciones en sistemas políticos atrofiados por la ola populista. Se trata de un fenómeno nuevo que se manifiesta con fuerza en muchos países, pero con resultados muy desiguales. En Estados Unidos inclinó la balanza, pero en Francia generó una reacción contraria.

No sabemos si las elecciones colombianas van a estar determinadas por la ola populista, o si los ciudadanos reaccionarán eligiendo un candidato moderado de centro. Se sabe que el populismo está cambiando la política en algunos países, pero no cuáles son las reglas de lo nuevo, porque no son uniformes sino volubles.

El caso colombiano es especial porque ha sido un laboratorio de populismo de derecha desde hace 15 años, cuando la bandera anti Farc y anti politiquería destronó a un bipartidismo que llevaba cerca de 200 años en el poder. Ese populismo ha tenido fases expansivas y contractivas dependiendo de si está en el poder o no, y viene tratando de mutar del caudillismo al partidismo, como sucedió en Argentina y Perú con el peronismo y el fujimorismo.

Pero existe la posibilidad de que en estas elecciones el populismo se presente desde ambos lados del espectro político, como sucedió en Estados Unidos con Bernie Sanders desde la izquierda y Donald Trump desde la derecha. Parece claro que, a diferencia de las elecciones de 2002, ningún sector político se quedará con las dos banderas de mayor tracción populista —anti Farc y anti politiquería—, sino que se dividirán en costados enfrentados. Es posible también que, por efecto de las coaliciones, la bandera anti politiquería asuma un enfoque institucional y solo la anti Farc use la pasión populista.

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