Por: Jaime Arocha

¿Por qué más marcharían los colombianos?

DESPUÉS DE LA MARCHA DEL 20 DE julio, los medios concluyeron que la ciudadanía ya no era indiferente. Si ya tuvo lugar semejante cambio, ¿en pocos días se colmarán las calles con gente indignada por los oprobios que ha causado el conflicto armado entre las comunidades negras del país?

Desde 1996, escritores como Alfredo Molano vienen demostrando cómo todos los actores armados se han propuesto impedirles a esas comunidades celebrar los ritos fúnebres para despedir a sus muertos. Esa conducta perversa ha facilitado la usurpación territorial y el destierro. De ahí que el 49% de la población del Litoral Pacífico ya ha sido desplazada.

Luego de la visita a ese litoral que la Comisión Ética de la Verdad hizo en marzo de 2008, concluyó que el Estado colombiano es responsable de genocidio y etnocidio. Sin embargo, han sido casi nulas las reacciones ante las denuncias de una organización avalada por personalidades como Adolfo Pérez Esquivel, galardonado en 1980 con el Nobel de Paz.

La inconformidad con respecto a esta coyuntura motiva la exposición que de manera conjunta con el Ministerio de Cultura y el Museo Nacional abriremos sobre los altares que los afrocolombianos y los raizales les hacen a sus muertos y santos vivos. Para esa tarea, ha sido fundamental la obra de Robert Thompson, profesor de la Universidad de Yale, quien destaca que a lo largo de cuatro siglos, las víctimas de la trata atlántica fueron transportadas entre África y América en barcos que reproducían las condiciones de los que más tarde se conocerían como campos de concentración en cuanto al encadenamiento, al hacinamiento y a la más absoluta falta de higiene en que mantenían a los viajeros forzados. Esa insensibilidad fue consecuente con la justificación de la trata: como los africanos eran gente tan inferior, gracias a su captura, deportación y esclavización en el continente americano, dizque quedaban redimidos de su sufrimiento y salvajismo. Para crear esa ficción, los historiadores europeos sustrajeron de sus crónicas aquellos registros que daban fe, por ejemplo, del surgimiento de estados y universidades en los valles de los ríos Níger y Congo, antes de que en Europa hubieran aparecido sus contrapartes.

Hoy, tal invisibilización sigue imperando en los programas académicos de bachillerato y universidad, y los textos de ciencias sociales de colegios públicos y privados persisten en retratar a la gente negra como inferior. De ahí la urgencia de que el Estado por fin apoye y promueva la Cátedra de Estudios Afrocolombianos que ideó la reforma constitucional de 1991. Sin esa revolución educativa, persistirán el ocultamiento y la inferiorización que hasta hoy siguen propagando los sistemas educativo, religioso y mediático. El pueblo colombiano se manifestó en masa durante la última fiesta patria. ¿Estaría dispuesto a repetir la hazaña, pero a favor de causas importantes para las comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras?

*Grupo de Estudios Afrocolombianos,Universidad Nacional de Colombia.

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