Por: Cartas de los lectores

Por qué no es conveniente el proyecto del nuevo peso

En varias oportunidades se han presentado diversos proyectos de ley que buscan quitar tres ceros al peso, los cuales siempre giran en torno a una supuesta disminución de la inflación debido a la percepción de que los precios bajan como consecuencia de la eliminación de los tres ceros y a otros beneficios como la disminución en costos de transacción y en la facilidad para realizar cálculos y otras operaciones normales en las transacciones comerciales de los colombianos.

Infortunadamente todas estas promesas no tienen ningún tipo de asidero, especialmente porque la situación actual en la cual la inflación se ha duplicado en términos de su potencial histórico, se debe a la devaluación del 50 % producida por la excesiva dependencia de las finanzas gubernamentales en el precio del petróleo (y las utilidades de Ecopetrol) y los efectos de la enfermedad holandesa creada por este mismo fenómeno.

Quitar tres ceros al peso no soluciona este problema de tipo estructural y únicamente crea una ilusión que dista mucho de ser realidad, pues en general, los comerciantes van a aproximar sus precios al múltiplo cercano más alto y no al más bajo, pues esto es simplemente la lógica que surge de aprovechar una situación que solo se presenta una vez, lo cual en vez de disminuir, crea más inflación.

En cuanto a la bancarización, está realmente depende de la confianza del público en el sistema financiero y en los servicios que le ofrezca, en general, las personas de bajos recursos tienen un rechazo al sistema, pues lo consideran caro y que no sirve a sus necesidades, lo cual no va a ser solucionado por una medida que a lo sumo es cosmética y que no va a cambiar en nada la percepción negativa de este segmento (el menos penetrado por la banca tradicional) sobre la necesidad de contar con una cuenta bancaria.

Ahora bien, es cierto que los costos de transacción podrían reducirse, pero su efecto no es tan positivo que compensen los $400.000 millones que cuesta el cambio, ya que se limita a un ahorro de espacio de almacenamiento y no mucho más, especialmente cuando hoy en día las capacidades de los sistemas electrónicos hacen que esta variable sea poco importante y que no genere mayores beneficios económicos y financieros para la sociedad.

El problema de la inflación se maneja mediante una política económica bien planeada y no mediante medidas que son utilizadas en países con hiperinflación –lo cual dista mucho del caso colombiano– y no existe evidencia de que una disminución de este tipo realmente cambie la percepción de los ciudadanos, especialmente en el escenario de relativa estabilidad del que ha gozado Colombia en los últimos 15 años, ese sí, efecto de las políticas de control inflacionario establecidas por la Constitución de 1991 y que hace de esta propuesta algo innecesario e inconveniente en el corto y mediano plazo.

Camilo Andrés Blanco. Economista.

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