La importancia de los archivos para construir la verdad del conflicto armado

hace 59 mins
Por: Andrés Gómez

¡Por qué no te callas!

Hay dos Maradonas en un solo cuerpo. El primero es el que juega al fútbol como los dioses. El segundo es el que borra con la boca todo lo que hace con los pies.

El primero recibe aplausos, enamora, genera idolatría, como cuando él solo ganó el Mundial del 86 y recuperó por 90 minutos las Malvinas para los argentinos. El segundo, en cambio, es insufrible, cansón y cada vez más molesto. Es el Maradona chavista, que les dispara a los periodistas, que se ve envuelto en escándalos de drogas y apuestas, que insulta, acusa, llora, manipula.

Al primero se le extraña en la cancha. Su zurda fue mágica. Su capacidad para driblar rivales, para hacer goles, para amontonar defensas y dejarlos regados en el piso, para cambiar de ritmo, para rescatar el fútbol de la monotonía y llevarlo a la creatividad, para ganar títulos importantes, no tuvo comparación.

Al segundo, por el contrario, se le sufre. A todos los que somos hinchas del Maradona primero, nos duele el alma cuando demuestra que todo su talento con los pies, es inversamente proporcional a su capacidad como figura pública. En su pie izquierdo hay magia. En su cabeza, apenas, aserrín.

No hay nada más aburrido que ver a Maradona en una rueda de prensa gesticulando, con esa pinta entremezclada de mafioso italiano y enano de circo. No hay nada más cansón que Maradona intentando hablar de política, ya sea con Chávez o con Castro. No hay nada peor que ver a Maradona enfundado en un traje estrecho y corbata, o llorando como un mal actor en un culebrón mexicano. No hay nada peor que verlo pelear con Pelé, como un par de borrachos por el último sorbo.

La semana pasada su salida de la selección colmó la paciencia. Su papel como técnico fue desastroso. Su pelea con Grondona, Bilardo y la prensa rebosó la copa. Maradona, al igual que otros grandes jugadores, no sabe qué hacer en el retiro. No sabe cómo sobrevivir en el desempleo de la figuración pública.

Nosotros, los hinchas, sus hinchas, somos los culpables. Lo hicimos dios en un campo de juego y no supimos jubilarlo como mortal fuera de él. Maradona, el jugador, es un talento que enamora al mundo. Maradona, el ex jugador, es apenas un hombre común, mediocre, que hace rato no hace goles, sino autogoles. Un ser que tuvo el Olimpo a sus pies, pero que no tuvo la cabeza para mirarlo y disfrutarlo.

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