Por: Alvaro Forero Tascón

¿Por qué se aprobó la Ley de Víctimas?

PARECE UN MILAGRO QUE EL PROYEC- to de Ley de Víctimas haya resucitado. La razón que lo explica parece sencilla: Uribe hundió una ley propuesta por sus enemigos políticos, mientras que Santos impulsó una propuesta por su coalición política.

Pero no es tan simple: el liberalismo propuso la Ley de Víctimas porque tiene una interpretación del problema del conflicto armado y el campo colombiano diferente a la del uribismo. Y el expresidente Uribe la hundió no solo porque ésta no distinguía entre victimarios ilegales y la fuerza pública, sino porque encerraba una interpretación de la historia reciente y de los problemas de fondo de la violencia en Colombia, completamente opuestos a su pensamiento.

¿Cómo es posible entonces que un proyecto con semejantes implicaciones ideológicas haya podido tramitarse, si las diferencias entre el gobierno pasado y el actual supuestamente se limitan al estilo de los presidentes? Lo que sucede es que  mientras los uribistas tratan de disimular su pasado radical negando la montaña de diferencias entre Santos y Uribe, los enemigos del uribismo no quieren reconocerle a Santos que ha introducido cambios de fondo, porque mantiene aspectos estructurales de Uribe, así sea matizados, como la seguridad democrática y la confianza inversionista. La explicación es que Santos está haciendo una corrección histórica profunda del uribismo, pero no por vía de eliminarlo, sino de diluirlo.

Con la Ley de Víctimas se empieza a apreciar con más claridad el perfil histórico de Juan Manuel Santos, que consiste en pulir las tesis uribistas de sus excesos ultraconservadores mediante el regreso a la tradición reformista liberal. En el tema del conflicto armado, Santos está combinando la receta militarista de Uribe con la visión garantista de la Constitución del 91. La innovación consiste en superar el infantilismo con que la sociedad colombiana enfrentó el aumento de la violencia a finales de los años noventa, primero con excesos pacifistas y luego con excesos militaristas, para, fiel a la fe de Santos en la tercera vía, buscar un tratamiento más integral y maduro del problema, introduciendo el componente del tratamiento de las víctimas y de la tierra. Abandonando la tesis de que las soluciones solo se consiguen por vía de la autoridad, y retomando la idea de intentarlas por el camino institucional, Santos le apuesta también a los derechos de la Constitución, materializándolos con la Ley de Víctimas. Mientras el uribismo planteó resolver el conflicto armado desconociéndolo, recrudeciéndolo militarmente, enfocando los tratamientos en los victimarios, pasando por encima de garantías constitucionales mínimas, Santos recurre a mantener la presión militar pero introduce la solidaridad, ofreciéndole garantías a la porción más numerosa y golpeada del conflicto.

Pero la Ley de Víctimas no sólo aclara el perfil ideológico de Santos, sino también el político. El presidente sabía que encauzando las demandas sentidas de las víctimas, el Partido Liberal regresaba por los fueros que lo hicieron mayoritario en el pasado, y que apoyándolo no sólo recuperaba sus derechos como liberal, esenciales para su ubicación histórica, sino el agradecimiento de cuatro millones de posibles votantes.

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