Por: Uriel Ortiz Soto

¿Por qué se suicidan los niños?

Como el mes de abril está dedicado a los niños, es muy importante que las instituciones que manejan la adopción y educación de menores: centros de reclusión, internados, centros educativos y, desde luego, los hogares y padres de familia, en coordinación con las autoridades, deben reflexionar con  sentido de responsabilidad y futuro de patria sobre los casos de violencia, abandono, abusos sexuales, tráfico de menores, explotación laboral y todas las demás prácticas que ponen en estado de indefensión a los niños con edades que oscilan entre los cinco y dieciocho años, provocándoles problemas de depresión que finalmente terminan en suicidio y que las instituciones mencionadas y los hogares en muchos casos son los directos responsables.

Es lamentable tener que decirlo, pero miles de hogares y demás establecimientos de adopción y educación al menor se han convertido en verdaderos centros de tortura física, moral y psicológica. El manejo de los niños en edades entre uno y cuatro años es otro capítulo aparte, donde se cometen los más abominables crímenes que muchas veces terminan en infanticidio, provocados por sus protectores. ¿Qué decir también de los niños que son secuestrados por los grupos criminales: guerrilleros, paramilitares, delincuencia común organizada y organizaciones de trata de menores y abuso sexual?

Ante la ola de suicidios infantiles que se presentan con alguna frecuencia en ciudades, municipios y veredas del país, vale la pena analizar las causas y los principales móviles que en un determinado momento llevan al niño, adolescente menor de 18 años a quitarse la vida. Son verdaderamente escalofriantes las estadísticas que proporcionan las autoridades sobre estos casos y muchos de ellos se quedan sin registrar, puesto que no son denunciados. Los suicidios infantiles se presentan en todos los estratos sociales por las mismas causas y razones. Mal podríamos estratificarlos, puesto que tal vulnerabilidad ocurre, sin tener en cuenta si son familias de la alta sociedad, adineradas, o con un nivel de cultura superior.
 
Existen una serie de factores que afectan el diario convivir de los menores, pero que indudablemente tienen su incidencia en el seno de sus hogares, y es lo que podríamos llamar factores internos. Los factores externos que marcan notablemente los estados emocionales de depresión y anímicos de los menores se derivan de los primeros. El estado emocional de un niño se refleja en el rendimiento académico y la relación con sus compañeros de colegio y es concomitante con la formación moral que se le está dando en su hogar.

Los hogares son la fuente de formación privilegiada en los primeros años de vida del ser humano. Su posterior desarrollo, - primeros años de juventud-, tienen marcada incidencia en las etapas primarias de su vida. En gran parte los padres de familia desconocen estos principios y no le dan la importancia que se merece. Es suficiente traer a colación lo que son los divorcios expres, con los cuales las  notarias se ufanan de  tramitar el mayor número, en el menor tiempo posible.

Pero no se dan cuenta estas instituciones del Estado y Guardianas de la Fe Pública. ¿Cuántos suicidios infantiles han provocado con semejantes ligerezas? Puesto que nunca evalúan cada caso en particular, con un estudio exhaustivo, sobre la situación en que quedan los menores de edad, cuando sus progenitores embriagados muchas veces por el complejo de rebeldía y conflictos conyugales que a la larga son solucionables, se separan para contraer nuevas nupcias, o simplemente, para zafarse de sus obligaciones de paternidad y maternidad responsables.

Algunos estudiosos sobre tema tan delicado se atreven a decir que el mal principal tiene su incidencia en la sociedad misma, que en los actuales momentos se encuentra ausente de los factores fundamentales que la regulan: Principios y Valores. Es decir, estos dos factores vitales para la construcción de las sociedades modernas se han ausentado de los hogares, de la sociedad misma y de los establecimientos educativos. Casi se podría asegurar que son pocos los establecimientos de formación que se preocupan por dictar cátedra sobre moral, buen comportamiento, principios y valores. Los niños, adolescentes y jóvenes de hoy muchas veces cometen ciertos desafueros simplemente por curiosidad: es el caso del sexo a temprana edad,  el consumo de drogas, porte de armas, amenazas a sus superiores y compañeros. Es doloroso y frustrante ver desfilar a los centros de reclusión a menores de edad por haber cometido los más abominables delitos.

Otros casos aberrantes, causa de suicidios infantiles, son el maltrato físico, moral y psicológico por parte de sus padres, profesores y  demás familiares;  el trabajo forzado, la explotación infantil, los niños abusados sexualmente muchas veces por sus propios progenitores y ciertos engendros sociales que se constituyen con los formalismos jurídicos en regla con la complacencia de las algunas autoridades; son los que deprimen emocional y psicológicamente al niño, hasta llevarlo a un estado de postración total, cuyo único medio de salida es el suicidio.

No olvidemos que los males que está padeciendo la población infantil es responsabilidad de mayores. Los gobiernos Nacional, Regionales y Municipales, en coordinación con los establecimientos educativos, de policía y religiosos, deben adoptar medidas urgentes para frenar todas estas endemias que se han apoderado del futuro de nuestra Patria. Hay que tener en cuenta que los casos de violencia en los propios establecimientos educativos son el resultado de la deficiente formación en sus hogares y las falencias que se presentan en las normas de educación y convivencia, impartidas por las autoridades respectivas.

Debido a la sociedad convulsionada que estamos viviendo, a la destrucción de los hogares, los niños muchas veces no alcanzan a discernir entre lo bueno y lo malo. Cada día, a toda hora, en cada esquina, en su propio hogar y colegio presencian actos de violencia. Pero hay un aspecto crítico que obligatoriamente hay que mencionarlo y son los medios de comunicación; muchos de ellos, con sus programas de violencia, mal dirigidos y orientados, están contribuyendo a la conformación de las pandillas juveniles de barrios y centro de formación académica. La niñez y juventud de hoy no tiene un concepto claro sobre lo que es el sagrado derecho a la vida. Muchos de ellos al cometer algún delito actúan y reaccionan simplemente por un instinto de conservación, buscando igualdad de condiciones con sus compañeros, que muchas veces le imponen la ley del más fuerte.

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