Por qué sí firmé el Manifiesto por Colombia

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De cómo se logró un consenso entre intelectuales públicos de centro, centroizquierda y centroderecha.

El respetado Santiago Montenegro escribió aquí “Por qué no firmé”. Su razón fue “porque, al ser un documento de principios sobre la sociedad, solo se refiere a propuestas relacionadas con el Estado, la mayor parte de las cuales comparto, pero no incluye otros temas de principio referentes a la democracia, la sociedad civil y la economía”.

En mi caso, firmé el Manifiesto por tres motivos: i) tener un balance aceptable entre lo “tibio”, lo inquietante y lo prometedor para mi gusto o visión; ii) establecer un episodio de “reconciliación” o encuentro espiritual con algunos firmantes, y iii) porque el ejercicio lo lideró Jorge Humberto Botero, cuyo pensamiento y buen criterio admiramos muchos.

Como advirtió Botero, se trata de “un texto que, para conservar su carácter pluralista, solo podía ser de mínimos”. Fue un reto su convocatoria a un “grupo plural desde el punto de vista ideológico” bajo la premisa de que “una democracia robusta implica tanto ejercicios de confrontación como de consenso”.

Nos invitó a buscar un consenso para hacer “un pronunciamiento sobre los problemas de Colombia en la actual coyuntura y el esbozo de las soluciones que consideramos adecuadas”, y mostrar “que hay alternativas a la forma como estamos discutiendo hoy” en la sociedad colombiana. No nos llamó para que siguiéramos la confrontación intelectual soterrada o abierta.

Tras dos reuniones grupales y múltiples aportes individuales, salió un texto que 52 nos animamos a firmar. Algunos declinaron hacerlo por la redacción de un punto en particular o la ausencia de un tema. Sin la batuta paciente y decidida de un “jefe de la tribu” como Botero, no habría sido posible. El resultado tiene el enorme valor de recabar apoyo de intelectuales públicos de centro, centroizquierda y centroderecha.

La columna de Santiago Montenegro, sin embargo, lleva a la pregunta de si se habría logrado el consenso al tratarse de un documento de principios. Probablemente no. Algunos habríamos puesto sobre la mesa estos principios cardinales en respuesta a Montenegro: en democracia, la mayoría mediante un ciudadano, un voto formal; en sociedad civil, autonomía e igual legitimidad que el Estado; en economía, más mercado que Estado.

Los principios nos habrían conducido a la confrontación y tal vez los de centroizquierda hubiesen querido evitar las consecuencias políticas de una defensa clara de la democracia liberal, por ejemplo. En cambio, aplicaciones atenuadas de los principios, en forma de posibles soluciones, permitieron el consenso.

Así, esta suerte de manifiesto político de centro intelectual eventualmente resulte una lectura entre líneas para los aspirantes presidenciales, pues dice bastante del mantra de “hay problemas estructurales que deben ser enfrentados con inteligencia y con disposición para llegar a consensos amplios en la sociedad”. En un nivel general o abstracto, hay acuerdo sobre responsabilidades del Estado, un activo político, aunque haya “salvamentos de voto”. Los rictus comienzan con las políticas o instrumentos para cumplir esas responsabilidades, ya que hay alternativas.

Los firmantes del Manifiesto por Colombia creen en un Estado que: i) se esfuerza para reducir la desigualdad social, ii) lucha contra la corrupción y las estructuras criminales, iii) desarrolla políticas eficaces para el aumento del empleo y la formalización laboral, iv) prioriza la educación como fundamento del desarrollo económico y social, v) protege la vejez, vi) hace presencia efectiva en todo el territorio nacional, vii) es responsable con el cambio climático y el ambiente, viii) implementa el acuerdo final con las Farc en el horizonte estipulado, ix) protege la vida, x) promueve las condiciones del crecimiento económico y la inversión, xi) tiene una justicia autónoma e independiente de los intereses políticos, xii) cuenta con una política exterior que sea producto del consenso nacional, y por último, o primero, xiii) “creemos en la construcción de un Estado moderno”.

En suma, un doble mensaje: pongamos más al centro el interés general y pensemos más en las soluciones estructurales, que bien aplicados pondrían en cintura el tipo de política que estamos haciendo. Así que no es inofensivo el Manifiesto.

Esta columna pasa, a partir de la fecha, de los sábados a los lunes.

@DanielMeraV

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