Por: Tatiana Acevedo Guerrero

¿Por qué soy liberal?

En una entrevista, Simón Gaviria afirmó que su partido pasa por un excelente momento, pues no sólo se consolida como la "columna vertebral de la coalición de gobierno", sino que emprende la reestructuración de directorios y una "carnetización".

Hubiera sido interesante que le preguntaran qué hay que hacer para obtener el respectivo carné. ¿Qué tienen hoy en común los liberales? ¿En qué creen?

Su tibia actuación en el proceso de reelección del procurador dice mucho de una postura ideológica actual, que haría avergonzar a quienes sentaron las bases de la colectividad. Y no porque Ordóñez sea clientelista —lo que no reñiría con el pasado del liberalismo—, sino porque se ha documentado que actúa según sus convicciones católicas.

Combatir ese tipo de posiciones solía ser uno de los pilares del liberalismo. “El libre examen en religión constituye uno de los principios esenciales de la escuela del Partido”, resumió un editorial en 1923. Y, una vez en el poder, los liberales dieron prioridad a disminuir la influencia del catolicismo dentro del Estado. Fue una tarea difícil, pero personajes como López Pumarejo sabían que decisiones oficiales basadas en la Biblia conducían a la discriminación.

Así, tras la aprobación de la reforma constitucional de 1936, el conservatismo y los jerarcas de la Iglesia lanzaron manifiestos informando que no acatarían “disposiciones odiosas como la que obliga a recibir en los colegios privados a los hijos naturales y sin distinción de raza ni de religión... Este es el caso en que se debe obedecer a Dios antes que a los hombres”.

Pero ni los llamados a la desobediencia, ni las amenazas de guerra civil que lanzaron algunos desde la prensa hicieron ceder a los líderes del Partido Liberal. Y si cedieron en algunos puntos, ciertamente no fue por miedo a un proceso disciplinario.

 

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