Por: Armando Montenegro

¿Por qué triunfan los niños?

Quienes nos interesamos en la  educación seguimos con cuidado los resultados de pruebas como Saber y Pisa, que miden la comprensión de lectura y la capacidad de los niños para hacer ciertas operaciones matemáticas. También miramos las cifras de deserción escolar y terminación de la secundaria. De los horrores de estos indicadores, con frecuencia, pasamos a discutir los remedios, en especial, la mejoría en la calidad de los maestros, su remuneración y evaluación, y otros como la autonomía de los rectores, las condiciones de la infraestructura escolar y las tecnologías de apoyo.

Sin embargo, muchos estudios recientes señalan que estas soluciones no tienen en cuenta un elemento fundamental, que está con frecuencia detrás de los malos puntajes de las pruebas: la motivación de los niños, la confianza en sí mismos, su curiosidad, perseverancia y capacidad de hacer frente a la adversidad. Estos trabajos han puesto de presente factores a veces olvidados: las aptitudes no cognitivas y ciertos elementos del carácter de los niños, como la fuerza de voluntad y el autocontrol (sobre los cuales nos hablaban los jesuitas en los remotos días de la adolescencia).

Varias investigaciones recientes muestran cómo la pobreza afecta, desde muy temprano, las aptitudes no cognitivas de los menores. En medio de las tensiones y dificultades de hogares deshechos, sin recursos ni afecto, crecen niños desnutridos y descuidados, en detrimento de su confianza, optimismo y su capacidad para planear y organizar sus tareas. Lo peor es que estos problemas no se solucionan con remedios tradicionales como buenas clases de lectura o aritmética y las evaluaciones habituales.

Paul Tough, en How Children Succeed, reseña numerosos avances académicos y relata las experiencias de varias escuelas líderes que han puesto el desarrollo del carácter en el centro del proceso educativo, con el convencimiento de que el carácter puede ser medido, analizado y desarrollado. Escuelas como KIPP separan varios componentes del carácter, que son medidos periódicamente y sometidos a estrategias para su fortalecimiento. Estas experiencias prueban con historias de éxito que el carácter y, en cierta medida, la capacidad intelectual pueden desarrollarse y ampliarse.

Al leer este texto caemos en cuenta del enorme reto de mejorar la educación en Colombia. Buena parte de los educadores y de las madres comunitarias no sólo están deficientemente preparados para la instrucción en asuntos del lenguaje o los números, sino que también carecen de los conocimientos y el entrenamiento necesarios para el desarrollo del carácter de los jóvenes, una tarea más exigente y sofisticada, que no sólo requiere de preparación académica, sino de la empatía y un cariño genuino por los niños que lidian con los problemas creados por la pobreza.

No vacilo en recomendar el libro de Tough a todos los padres, especialmente los jóvenes, y a quienes planean ser padres. Este texto les dará una visión de su enorme responsabilidad, de las posibilidades y del mundo maravilloso de la vida de sus hijos, lleno de oportunidades y también de peligros, que crecerá y se desarrollará a su lado. De la atención y el afecto que ellos reciban en sus primeros años dependerá buena parte de su éxito o fracaso.

(Paul Tough (2012), How Children Succeed, New York, Houghton Mifflin Harcourt).

 

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