Por: Cartas de los lectores

¿Por qué vamos en contravía?

¿Cuánto tiempo tarda usted en llegar a su trabajo? ¿Le parece tedioso viajar por tierra? ¿Qué tan frecuentemente se queja del tráfico? Ah, pero ¿utiliza usted el transporte público? ¿Por qué?

Son muy interesantes las preguntas anteriores, porque puedo adivinar su respuesta: a su trabajo usted tarda en llegar mucho más de lo que le gustaría, aunque hay mucho que disfrutar; sí le parece tedioso viajar por tierra; del tráfico se queja cada que es posible y muy esporádicamente utiliza el transporte público por el costo, comodidad, rutas y otras mil razones que tendrá para hacerlo.

Todo esto pasó porque en algún momento decidimos ir en contravía, alguien nos implantó en la cabeza que andar en automóvil es sinónimo de progreso y el bus es el emblema de los pobres.

Esto es una grosera mentira, cualquier país que miremos donde sí exista progreso nos deja concluir que lo ideal es que el grueso de la población se mueva en transporte público, finalmente para eso es que existe. Eso aquí no lo hemos entendido y por darle prioridad siempre al particular, absurdamente se ha descuidado y olvidado lo más importante.

Nos hablan y nos venden el desarrollo y la infraestructura de las ciudades, quieren combatir el tráfico haciendo calles más anchas, talando árboles y comprando predios, pero no se les ha ocurrido que si ponen una calle más ancha van a lograr únicamente que transiten más carros y en poco tiempo tener el mismo problema de tráfico; esto se llama estimular la demanda aumentando la oferta. Un bus mueve aproximadamente la misma cantidad de gente que 30 automóviles, ocupa el espacio de cuatro por mucho y en temas de contaminación, si hablamos de emisiones per cápita, termina siendo mucho más amigable con el medio ambiente el bus, y eso hablando solo del bus, pero el transporte público es un metro, un tren ligero, un tranvía, entre otros, pero igual acá la prioridad es el automóvil particular.

Teniendo en cuenta lo anterior, ¿no es ir en contravía invertir millones y millones en obras de infraestructura pensadas para el particular en vez de pensar en cómo se puede no solo mejorar sino estimular el uso del transporte público para todos nosotros? ¿Cuánta plata se ahorrarían? ¿Cuántos ingresos adicionales le entrarían al Estado?

Tal vez no lo han pensado, o lo han hecho y lo han ignorado, pero también estimula el comercio, donde hay una estación es un punto donde existe flujo constante de gente, le da oportunidad a una persona para poner un restaurante o una tienda y combatir el desempleo. De hecho, en lugares como Sídney o Tokio las mismas estaciones del metro son pequeños centros comerciales donde una persona, al bajarse, puede conseguir cualquier cosa que esté buscando aprovechando que le queda camino a casa, pero aquí seguimos pensando que el progreso es comprar un carro.

Para acabar les comparto un dato: el tren de Tokio (1927) es dos años más viejo que el Ferrocarril de Antioquia (1929), hoy en día el tren de Tokio tiene 282 estaciones y nuestro ferrocarril vive en el recuerdo. ¿Esto es ir en contravía o no?

Santiago Ramírez Holguín.

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