Por: César Ferrari

¿Por quién votarán los peruanos?

La primera vuelta en la elección presidencial peruana será el 10 de abril.

Ollanta Humala, exmilitar, lidera las encuestas seguido por Alejandro Toledo, expresidente 2001-2006; Keiko Fujimori, hija de Alberto Fujimori —expresidente 1990-2000, preso por delitos de lesa humanidad y corrupción—, y Pedro Pablo Kuczynski, exministro de Toledo. Representan diversas experiencias, visiones y orígenes étnicos (mestizo, quechua, japonés y polaco, respectivamente), “todas las sangres” que enriquecen al Perú. Humala sería el vencedor en esta vuelta. Probablemente competiría con Toledo en la segunda, quien podría ser reelegido… pero con un Congreso disperso.


Las encuestas reflejan preferencias de centroizquierda, disgusto por las élites y por la inequitativa distribución del ingreso. Por ello, en campaña, Humala se movía desde la izquierda hacia el centro y Kuczynski batallaba por desligarse de la derecha. En cambio, Toledo, ubicado al centro, bregaba para superar el desencanto con que terminó su gobierno y Fujimori por enfrentar las críticas a los abusos y corrupciones fujimoristas.


Esa preferencia y ese disgusto son consecuencia de la revolución militar (1968-1980), liderada por el general Juan Velasco, quien  autoritariamente nacionalizó el petróleo, incentivó la sustitución de importaciones, realizó la reforma agraria y promovió una tecnocracia proveniente de la clase media que asumió el manejo técnico del Estado, de las empresas públicas y de la diplomacia. Sus reformas acentuaron la urbanización y eliminaron la tierra como fuente de poder económico, lo cual dejó a las élites sin poder político y sin predominancia social. Así, las clases medias y bajas salieron de su control, se modificaron las preferencias políticas y se desbloqueó la movilidad social.


Esos desarrollos explican gran parte del crecimiento peruano de 6,7% entre 2002 y 2008 (0,9% en 2009), pues éste tuvo que ver, principalmente, con el aumento de la productividad. Los nuevos actores desarrollaron numerosos emprendimientos en la agricultura, gastronomía, artesanía, confecciones y turismo, en el marco de una libertad económica y política consolidada al terminar el autoritarismo fujimorista. Los buenos precios internacionales de minerales y metales también explican ese crecimiento; Perú sigue siendo un país minero-metalúrgico, origen principal de la concentración del ingreso.


Consecuentemente, cuando esa ganancia de productividad se agote, el próximo presidente podría enfrentar años difíciles. Pero el crecimiento elevado podría consolidarse y la distribución del ingreso mejorar si la inversión aumentara significativamente en las actividades no mineras. Para ello, requerirían tasas de cambio y de interés más competitivas gracias a mercados de crédito más eficientes, es decir, nuevas políticas monetaria, fiscal y de regulación, que no parecen estar en la agenda pública.


 *Ph.D. Profesor, Pontificia Universidad Javeriana

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