Por: Elisabeth Ungar Bleier

Por quiénes no votar en las próximas elecciones

EN LAS SEMANAS PREVIAS A LAS elecciones, editorialistas y columnistas hacen recomendaciones sobre candidatos que en su opinión merecen ser destacados.

Sin embargo, también es importante orientar a los ciudadanos sobre los candidatos por quienes no deben votar. O por lo menos, llamar la atención sobre los riesgos que significa elegir o apoyar a determinados partidos o personas.

En entrevista con el periodista Yamid Amat, el director de la Policía Nacional, general Óscar Naranjo, explicó por qué ahora el Gobierno califica como bandas criminales y no como bandas paramilitares o neoparamilitares a los grupos armados ilegales que hacen presencia en varias regiones del país. Entre las razones expuestas, están que “carecen de vocería política” y “que obedecen a los fines del narcotráfico”. Además, a la pregunta de si el paramilitarismo “político” desapareció, respondió de manera contundente que sí.

Ojalá el general Naranjo tenga razón. Sin embargo, varios hechos hacen necesario mirar con cautela estas afirmaciones, o por lo menos preguntarse si efectivamente el ala política de los paramilitares está acabada. En los últimos meses han sido numerosas las noticias que dan cuenta de la infiltración de dineros de dudosa procedencia en las campañas electorales en varias regiones del país, así como de la presencia de candidatos relacionados o avalados por políticos vinculados con el paramilitarismo en las listas al Congreso de varios partidos y movimientos políticos. Estos hechos serían una clara demostración, o por lo menos un serio indicio, de que tienen vocería política o que buscan tenerla en el Congreso de la República, como ya la tuvieron en el pasado. Pero además, es bastante probable que los “ríos de dinero” que han sido denunciados provengan del narcotráfico. Es decir, que el paramilitarismo “político” no ha desaparecido, y que sus aliados están buscando reconfigurarse para convertirse en una fuerza significativa a partir de los resultados de los comicios parlamentarios del próximo 14 de marzo. Si bien es poco probable que logren el ya casi emblemático 30% del que habló Mancuso hace unos años, pocos dudan de que alcanzarán un número no despreciable de curules —algunos hablan de entre 12 y 20 senadores y entre 20 y 35 representantes—. Esto les permitiría convertirse en una “bancada” con capacidad de inclinar la balanza y de incidir en la agenda legislativa, como lo hicieron en los últimos ocho años.

Definitivamente por estos candidatos vinculados con el paramilitarismo político y con el narcotráfico no se debe votar. Como tampoco se debe votar por quienes pretenden disfrazar viejas y corruptas prácticas políticas con caras aparentemente nuevas. Éstas no necesariamente significan renovación y por el contrario, con frecuencia sirven para reencauchar viejos —y no tan viejos— clanes políticos que han hecho de la corrupción una forma de vida.

Las elecciones del próximo domingo son una oportunidad para que los ciudadanos les pasen la cuenta de cobro a quienes pretenden capturar el Congreso para favorecer intereses particulares o proyectos ilegales, o llevar la vocería política de los paramilitares o de otros grupos al margen de la ley.

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