Por: José Salgar

Por un Alto Tribunal de Reparcheo

Lo que no se ha alcanzado en los azarosos días recientes, de lograr la unidad de los altos poderes de la Nación para encontrarle una solución al enredo parapolítico, fue posible en el más reducido ámbito de los congresistas elegidos en el Distrito Capital de Bogotá.

Con la única excepción de los representantes David Luna y Simón Gaviria, la Comisión 6ª de la Cámara aprobó la propuesta del representante José Fernando Castro para recortar en dos horas la ciclovía dominical de los bogotanos. Se utilizan en esa forma los votos que se conquistaron en circunscripciones vecinas a las avenidas Caracas y Ciudad de Quito, para aprobar por unanimidad un artículo contra una de las mayores conquistas para la recreación y descanso de grandes masas de habitantes de la capital.

Los secuestrados siguen muriéndose en la selva, los desplazados huyendo por barriadas miserables y los niños armándose en los colegios o inscribiéndose en bandas terroristas. Para eso no hay fórmulas de acuerdo, pero sí para restarles a ciclistas y peatones uno de sus derechos humanos difícilmente alcanzados: el de ocupar las calles al mediodía de los domingos para el ejercicio más barato de la voluntad popular como es el de pedalear o caminar charlando.

Se alcanzó así en forma lejana el triunfo de unas de las consignas de la época gaitanista y de la revolución en marcha, para combatir a la “oligarquía enllantada”: las calles para el puro pueblo, no para los carros costosos o para la emulación dominical con ropas de marca.

Con toda razón, figuras importantes de Bogotá, como el propio alcalde Moreno Rojas y los ex alcaldes Lucho Garzón y Enrique Peñalosa han rechazado con energía el atentado contra la ciclovía que en buena hora implantó el alcalde Augusto Ramírez Ocampo y había salido adelante a pesar de algunas protestas de los que se consideran afectados.

Pero de algo ha de servir la unanimidad en una Comisión del Congreso para frenar la ciclovía, si lo mismo hacen para encontrar milagrosas soluciones al crucigrama narcoparamilitar. Y también para otros problemas urbanos poco atendidos:

Que se invente un Alto Tribunal de Reparcheo, para que los huecos de las calles no se tapen únicamente frente a las viviendas de unos cuantos privilegiados. O una reforma constitucional que obligue a los dueños de nuevos y viejos edificios a dejar transitables los andenes, para que los ciudadanos no se tropiecen y se rompan las narices.

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COLETILLA. De pronto hay unanimidad para prohibir el amarillo en el transporte público y dejar sólo el rojo del Transmilenio.

 

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