¡Frente a la polarización, el centro militante!

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Hoy no tengo ninguna duda del enorme daño que le ha hecho a este país el nivel de polarización entre las extremas políticas, la derecha y la izquierda. En ellas dos se ha abierto campo la teoría de que solo cada una de ellas salvarán a este país del desastre que significaría caer en las fauces del contrario. Y cada una de estas extremas tiene a su propio mesías, uno que ya gobernó durante ocho años y hoy está detenido, y otro que aun no ha llegado a la Presidencia, que también estuvo detenido, pero de cuyo paso por la Alcaldía de Bogotá se alimentan los contrarios para demostrar su incapacidad. Tanto la extrema derecha como la extrema izquierda consideran como acérrimos enemigos no solo a la extrema contraria sino a todos aquellos que no comulguemos con sus ideas y propósitos, y de manera franca o soterrada nos acusan de ser tibios, indecisos, ni fu ni fa, ni chicha ni limonada.

Resulta ser que ni la extrema derecha por sí sola llega al 25 % del favor de los votantes en Colombia, ni tampoco lo logra la extrema izquierda. La verdad, es que somos los del centro los que representamos más del 50 % de los votantes, y eso sin sumar en nuestro favor el 45 % del registro electoral, aquellos que nunca votan. Pero de los dos extremos nos han acusado de “tibieza” y ese calificativo nos ha apenado, y cuando ha llegado el momento de una segunda vuelta entre los dos extremos, como ocurrió en el 2018, el centro desaparece y se convierte así sea temporalmente en militante de alguno de los extremos

Esa situación no debería repetirse en el 2022; sería una vergüenza y un muy mal pronóstico para el país. Los colombianos tendríamos que ser capaces de imponer la mayoría del centro y ojalá triunfar en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Esta es la única forma para que en el 2022 ninguna de las dos extremas llegue al poder y perpetue así, para mal de todos, el clima de polarización y violencia en que vivimos.

Para lograrlo, pienso que es indispensable convertir este centro “tibio e indeciso”, que solo tiene claro evitar los extremos, en un movimiento vigoroso y militante con argumentos poderosos propios y un destino claro diferente, un movimiento de centro en donde tengan cabida el humanismo y la compasión, en donde se trabaje incansablemente apoyando la lucha de los más vulnerables por no caer en la pobreza absoluta, un movimiento político en el que se trabaje por reducir las brechas de oportunidades que tras dos siglos de independencia se resisten a cerrarse, un movimiento que entienda que nuestra constitución nos define como un estado social de derecho con todo lo que ello significa en términos del derecho a una educación gratuita y de calidad, el derecho a la salud universal, el derecho al agua y a la alimentación, el derecho a una vivienda digna, y en fin, el derecho a la vida. En donde los conceptos “servicio público” y “por el bien común” de verdad se confundan.

Este movimiento de centro militante no debería tener ninguna dificultad en ser, no solo respetuoso, sino corajudo defensor de la democracia, de nuestras instituciones (tan irrespetadas por estos días), de la iniciativa y la propiedad privada, de la competencia y la economía de mercado, que mal que bien funcionan en nuestro país. Pero igualmente debería entender la necesidad de una eficiente intervención del Estado para asegurar una más adecuada distribución de la riqueza y sobre todo de las oportunidades. Este movimiento debería en mi concepto diseñar y proponer un sistema económico en el que el crecimiento del PIB redunde simultáneamente en mayores niveles de equidad mediante un esquema tributario progresivo para personas y empresas, que traslade las deducciones y ventajas tributarias de las que gozan hoy las grandes empresas, a las microempresas y a los emprendedores informales.

Este movimiento de centro militante sería el centro de la clase media de este país, sería el centro de los campesinos olvidados por todos, sería el centro de los pobres y vulnerables y podría ser también el centro de aquellos privilegiados que entienden la verdadera dimensión de su compromiso con este país.

Hace unas semanas, Humberto de la Calle propuso un esquema, un procedimiento, que marque unas líneas rojas para lograr que lleguen a un movimiento de centro, que yo quiero calificar como militante, la mayor cantidad de partidos y movimientos políticos interesados en que en el 2022 no se repita la segunda vuelta entre Gustavo Petro y cualquiera que sea el que diga Uribe. Aunque sé que suena ingenuo y puede que lo sea, sueño viendo en el centro militante a todas las fuerzas de nuestro espectro político de centro, ojalá desde Cambio Radical en la derecha hasta el Polo Democrático en la izquierda, incluyendo por supuesto al Partido de la U, al Partido Liberal, y a la Alianza Verde. En los dos extremos y por fuera de este centro militante, se quedarían el Centro Democrático y su apéndice el otrora Partido Conservador, así como el movimiento de Gustavo Petro y el nuevo partido FARC.

Hoy por hoy, tenemos por fortuna a una gran cantidad de figuras sobresalientes que podrían con lujo de detalles llegar a ser el candidato presidencial del centro militante. Una lista, no exhaustiva, de estos personajes la conforman Germán Vargas Lleras, Juan Manuel Galán, Humberto de la Calle, Sergio Fajardo, Alejandro Gaviria (a quien confieso, apoyaría), Antonio Navarro y Jorge Robledo.

Deberíamos, previa una consulta popular entre ellos, llegar a una candidatura única del centro militante en la cual pudiéramos confluir todos aquellos que no queremos más polarización y violencia en este país, todos aquellos que creemos en la importancia de cumplir efectivamente los acuerdos de paz del Teatro Colón, todos aquellos que creemos en que es impostergable trabajar para cerrar la atroz brecha de inequidad entre los colombianos, y por qué no, millones de aquellos que elección tras elección se quedan en sus casas porque creen que su voto no cambia nada.

Mi sueño es que sea posible un movimiento de centro amplio, militante y combatiente, por supuesto en el campo de las ideas.

* Miembro de la Tertulia Cervantina 77. El contenido de este artículo es responsabilidad exclusiva de su autor

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