Por un Estado de bienestar global

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Más allá de la utópica desaparición del capitalismo, de su “muerte” proclamada a rebato por una caterva de neuronas descontroladas por el COVID-19, cuanto si es posible a nivel global, igual que se ha consolidado un mercado y una economía en esta misma dirección, es necesaria la construcción de un estado de bienestar global que responda de manera oportuna y eficiente por el bienestar social y humano de sus asociados.

Por el crecimiento económico y el desarrollo de las naciones, el fortalecimiento de la democracia y el surgimiento de las nuevas formas de gobernanza que, es dable esperar, traerá consigo este restaurado modelo político y económico de convivencia universal, al cual se ve abocado el mundo como consecuencia del fantasma pandémico que lo recorre.

Como consecuencia del fantasma pandémico que reccore el mundo, es dable esperar un restaurado modelo político y económico de convivencia universal por el crecimiento económico y el desarrollo de las naciones, el fortalecimiento de la democracia y el surgimiento de nuevas formas de gobernaza.

Este estado de bienestar global, que la actual coyuntura de las dinámicas sanitarias colectivas impone hoy a la sociedad en su conjunto, no vendría a ser nada distinto de un nuevo pacto social por la humanidad a partir de la construcción de políticas públicas que tengan al Estado y lo público como promotor, rector y garante de las mismas, como piedra angular de la regulación y efectividad de las reglas del juego cuando las dinámicas del sistema y su modelo económico no estén a la altura de las contingencias colectivas o simplemente fallen.

Hoy es la pandemia del coronavirus el referente imprevisible, pero mañana mal podría ser un desastre nuclear, una catástrofe ambiental o climática, una hambruna universal lo que venga a justificar con creces esa prevalencia del Estado y lo público y del interés general. Su rectoría debería existir sobre los sistemas de salud, sanitarios y de educación, el agua y la electricidad, la seguridad social y alimentaria, las pensiones y el empleo, entre otros bienes básicos para la satisfacción de las necesidades vitales de todos los ciudadanos; y, también, sobre la determinante de la “restauración de la confianza necesaria” que demanda la colosal empresa de atender aquellas contingencias de manera adecuada y prioritaria, incluyente y equitativa.

De ninguna manera será ese pacto social, en esa rectoría irremplazable del Estado, de lo público y del interés general en sectores vitales una muerte, ni el reemplazo del sistema capitalista y sí, una variante cualificada, llamémosla parodiando a Vladimir Lenin, de la fase global del capitalismo: un concepto y una construcción política, jurídica y social para nada nueva ni desconocida por la humanidad contemporánea, con arraigo y positivos resultados en Europa, países nórdicos, Reino Unido, Francia, España e Italia; y en América, en los Estados Unidos, incluso en Argentina.

La acumulación exponencial de capital a lo largo de la última media centuria transcurrida, al igual que la consolidación del Estado en democracia, sus recursos y capacidad institucional para producir bienes y medios, per se, vendrían a ser la llave maestra para atender cuanta contingencia excepcional -verbigracia otra pandemia- sobrevenga a la humanidad.

No es que los ricos, ni más faltaba, vayan a repartir su dinero a los más pobres, ni a compartir sus empresas, capitales, inversiones, bancos y fortunas. Eso no es viable en este referido modelo económico, político y jurídico, pero sí tendrán el deber moral de promover de manera efectiva, más justa, incluyente y productiva socialmente, la inversión de su riqueza en bienes generadores de empleos de calidad y mejor remunerados que, a la vez, se constituyan en vectores para sostener la demanda y el crecimiento continuo de la economía y del aparato productivo en marcha, ¿Cómo? En tributos e impuestos progresivos que contribuyan al sostenimiento productivo y suficiente de los sistemas públicos de salud y sanitarios, de agua, alimentos y electricidad, de educación, recreación y cultura.

En tan deseable como necesaria la construcción de un estado de bienestar tanto a nivel global como local. Deben confluir sectores políticos e ideológicos heterogéneos, desde los liberales, pasando por los conservadores, cristianos, socialdemócratas, socialistas, sindicatos, y demás clases sociales que coincidan en la necesidad imperativa de un modelo económico y social y que propugne por un reparto más incluyente y equitativo del bienestar y la riqueza entre todos.

Por ahí, creemos, se empezaría a conjurar el creciente malestar social y los catastróficos efectos de contingencias colectivas globales, como las pandemias y calamidades a las cuales se ve abocada la humanidad.

Coletilla. Complacido, registro los nombramientos de Gonzalo Alberto Pérez Rojas, en la Presidencia del Grupo SURA, y de Juana Francisca Llano, en la Presidencia de Suramericana, respectivamente. A David Bojanini García, quien inicia su etapa de retiro laboral, gracias por su promisorio liderazgo al frente del Grupo SURA.

@CristoGarciaTap

* Poeta.

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