¿En manos de quién va a quedar Medellín? Esto es lo que proponen los candidatos a la Alcaldía

hace 3 horas
Por: Columna del lector

Por un país más incluyente

Por Sebastián F. Cote Pabón*

“¡Chao, profe, me voy a las manifestaciones!”, dijo con ingenua desenvoltura uno de mis alumnos al entregarme su parcial sin comas, sin tildes, sin argumentos, sin contexto, ¡sinvergüenza! Yo me preguntaba, ¿cómo podía irse tan orondo este sujeto luego de haber perdido la asignatura? ¿Cómo puede este joven ir a exigir vociferante mayores subsidios para la educación, si no sabe qué es una buena educación pues no ha aprendido aún a leer y a escribir? En lugar de ir a hacer bulto en las protestas, ¿no sería mejor que este muchacho se preocupara por aprender inglés con esa herramienta llamada internet que nos permite a todos ser autodidactas?

Este joven, sin embargo, es solo parcialmente culpable de su desenfado. Su actitud no es sino el resultado de la mala educación de un sistema en extremo indulgente que trata a los alumnos como clientes. Un sistema para el que el número de estudiantes que ingresa a cursar una carrera debe graduarse en su totalidad cinco años después. Un sistema que no inculca ningún sentido de la responsabilidad. Por supuesto, muchos estudiantes son cómplices de este sistema porque a corto plazo lo único que les interesa es aprobar sus materias sin mayores inconvenientes. No obstante, a largo plazo el país pierde con estos analfabetos diplomados tan poco aficionados a estudiar y a asumir compromisos.

Los profesores somos parte de este engranaje perverso porque estamos llenando los enormes vacíos de los estudiantes con humo. En lugar de enseñarles a leer, a escribir, a desterrar lugares comunes, les estamos enseñando a pensar críticamente como si se pudiera criticar lo que no se conoce (¿cómo se puede deconstruir sin haber construido nada? ¿Cómo se puede enseñar posmodernidad sin haber enseñado modernidad?). El resultado: toda una generación orgullosa de su propia ignorancia que emana desafiante el pesado tufo del espíritu crítico. Este espíritu crítico junto con la corrección política, la ideología de género y otras necedades de diverso cuño son los valores que se han impuesto en las universidades. Ya no hace falta enseñar a exponer con argumentos coherentes una idea. Ya no importa enseñarle al estudiante que sólo se aprende algo dejándose sorprender por todos los matices de un mundo que le permite buscarse a sí mismo para poder desarrollar una vocación y realizarse como individuo. No. A las universidades les interesa más figurar en los escalafones de moda que invertir en una buena educación cuyos resultados solo podrán verse una generación después.

Este es un sistema educativo reaccionario porque recibe iletrados y gradúa iletrados, es decir, poco le interesa promover la movilidad social. Con esta mala educación estamos condenando al hijo del pobre a tener que seguir siendo pobre, pues ¿cómo puede alguien tener un buen desempeño en la sociedad si al salir de la universidad es incapaz de articular correctamente un par de frases? ¿Qué beneficio le puede reportar al país el experto en fabricar disculpas? ¿Es este el tipo de educación que hay que salir a defender con tanto énfasis en las calles?

La educación que necesitamos es la que fomenta la inclusión y la movilidad social. La única revolución con la que tenemos que comprometernos los docentes consiste en que todos los estudiantes, sin distinción, aprendan a leer, a escribir, a argumentar, a pensar. Esta es la revolución del que con frecuencia tiene que luchar solo contra la corriente sin caer en la tentación de convertirse, como algunos profesores, en savonarolas cantinflescos que señalan las faltas de todos con el propósito no de enseñar, sino de llamar la atención.

La revolución que necesita el sistema educativo es la del que trabaja con humildad sin esperar reconocimiento alguno, pues los buenos resultados sólo se observarán décadas después. Por eso, por una mejor educación, por un país más incluyente, la revolución que tenemos que emprender en las aulas no es otra distinta a la del compromiso silencioso.

* Docente universitario.

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2018-12-24T00:00:40-05:00

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2018-12-24T00:15:01-05:00

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