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hace 4 mins
Por: Columnista invitado

Por un sistema con todos los estudiantes

Hablar de educación inclusiva es hacer una reflexión acerca de la calidad educativa.

Es preguntarse qué tipo de sistema tenemos; a quién está dirigido, cómo se ingresa y cómo se permanece y cómo se egresa del mismo. Es poner sobre el tapete la educación que queremos y hacia dónde vamos. ¿Realmente le interesa al sistema educativo atender las necesidades de todos los escolares y sus familias?

A lo largo de los últimos 19 años, a partir de la Ley 115 de 1994, se anunció que la Educación era para todos. Esta promesa no se ha cumplido: lo plantean estudios como los de Gómez, J.C (2007); Sarmiento, A. (2011), entre otros, que la exclusión del que es distinto, del que aprende distinto, del que tiene procesos distintos, sigue vigente.

Quise imaginarme cómo la educación inclusiva nos ofrece una reflexiones inspiradoras que podrían transformar la educación colombiana.

1. Que todos vayan a la escuela del barrio con apoyo de una red social natural y sean reconocidos y acogidos por la comunidad, y formen parte de la vida que le tocó vivir a su familia. Que no sean excluidos de la socialización comunitaria, barrial, de vecindario.

2. Que todos participen desde siempre; que desde la gestación estén disfrutando de experiencias valiosas.

3. Que los rectores, coordinadores y directivos comprendan de una vez, y para siempre, que su misión es responder a la sociedad, a las familias de los niños y que sus ‘Instituciones Educativas (IE)’ están al servicio de éstas y no que se constituyan en agentes productores de exclusión social.

3. Que los maestros tengan apoyos de tecnología blanda, media y dura, de forma permanente y transitoria, acorde con las necesidades de la población escolar. Que no se sientan solos en el proceso de construcción de respuestas pedagógicas y didácticas.

4. Que las IE tengan ambientes amigables, cálidos y abiertos.

5. Que el ministerio de Educación obligue a que las Secretarías de Educación brinden apoyo permanente a las IE y a los maestros.

6. Que el currículo sea una ruta flexible, dinámica, activa, que realmente sirva para atender a las necesidades de todos.

8. Que las IES, como parte estructural de un sistema, reciban apoyo, acompañamiento, monitoreo, para que poco a poco puedan transitar en la denominada integración escolar a la inclusión educativa y de allí avanzar hacia la atención a la diversidad.

9. Que los miembros de las comunidades educativas comprendan que el sistema educativo debe responder, en cabeza del ministerio, a la diversidad de necesidades de ese ciudadano colombiano en formación que solicita su ingreso, y no dejarlo solo, excluido.

10. Que se revise permanentemente si el modelo de institución educativa que tenemos ahora es el que responde a nuestras necesidades. Buscar otras maneras de aprender juntos, que no sean: todos al tiempo, de la misma manera, por el mismo canal, en el mismo espacio, con el mismo contenido, con el mismo material, con la misma explicación, con la misma motivación y con unos resultados.

 

 

*Marisol Moreno Angarita / Departamento de la Comunicación Humana. Universidad Nacional. 

 

 

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