Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Posconflicto y recursos naturales

Los avances en las conversaciones de La Habana aumentan la esperanza de la mayoría de los colombianos de que la paz es posible y estamos más cerca de llegar a un acuerdo.

 Los representantes del Gobierno y de las Farc han logrado acuerdos en dos puntos importantes: el agrario y el de la participación política. Según lo aprobado en el Congreso de la República, los textos deben ser aprobados por la población colombiana. Por ello es importante que todos los revisemos con cuidado y opinemos al respecto. En esta columna me referiré al informe Gobierno-Farc Hacia un nuevo campo colombiano. Reforma rural integral, publicado en junio de este año. Este acuerdo gana mayor valor ahora que se ha avanzado en el tema de representación política.

El tema agrario exige pensar y planificar la relación entre recursos naturales y desarrollo local. Más cuando ha sido en áreas de gran fragilidad ecosistémica donde la confrontación armada ha tenido mayor intensidad y dichas áreas son escenario posibles para ejecutar parte de los acuerdos. Las selvas tropicales y los páramos generan servicios ambientales asociados al estado de los recursos naturales y su adecuado manejo es muy importante, tanto para el desarrollo y bienestar local como nacional e incluso global.

El acuerdo menciona la conservación del medio ambiente, de las fuentes hídricas y de las reservas forestales, y el apoyo al uso del suelo según su vocación. Esto es un buen punto de partida. Ahora es necesario definir estrategias para favorecer la gestión de los campesinos que adelanten procesos de conservación de ecosistemas y servicios ecosistémicos en sus predios. Estos generan beneficios para ellos y para otros grupos de la sociedad. Un ejemplo sencillo son los acueductos: sus usuarios dependen de la conservación, recuperación y buen manejo ambiental que los campesinos adelanten o no en las zonas de páramo y bosque nublado. En las fincas de las partes altas se deben adelantar, de manera simultánea, actividades de producción y conservación. Es indispensable incentivar y compensar a los campesinos para que contribuyan de manera efectiva a la conservación de áreas críticas en las cuencas hidrográficas. En algunos lugares, en cambio de sembrar papa, hay que realizar una tarea de revegetalización buscando recuperar la presencia de especies nativas que regulan la calidad y cantidad de agua. Hay que pensar cómo lograr este objetivo para que todas las partes se beneficien.

El acuerdo menciona el Ordenamiento Ambiental Territorial (OAT) y el uso de esta herramienta a escala regional. Ahora debemos pensar cómo articular el OAT con el manejo ambiental en las fincas, pues es ahí donde el campesino define la transformación del ecosistema que le rodea.

En las zonas de reserva campesina debemos pensar en el OAT a nivel regional y de finca, punto de partida para asegurar la sostenibilidad ambiental y social de la producción en zonas de expansión de frontera agrícola.

Si lo conversado en La Habana lleva a acuerdos de paz, queda mucha tela por cortar o, mejor, mucho bosque por conservar y manejar de manera sostenible.

 

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