Por: Lisandro Duque Naranjo

Post-referendo

 ME REFERIRÉ A ALGUNAS FRASES, DIvertidas varias, pendientes de aclaración no pocas, e inaceptables otras, pronunciadas por políticos de diversas tendencias luego de la derrota sufrida por el referendo en la Corte Constitucional.

El ex presidente Gaviria, por ejemplo, se mostró “admirado y agradecido” por el acatamiento que de la sentencia hizo el presidente Uribe. No veo por qué haya que agradecerle al nunca más mandatario una conducta a la que estaba obligado. Y menos si su resignación se debe a que no alcanzó, en el último instante, a modificar un fallo ya consumado, que si le resultó adverso fue contra sus cálculos, pues llevaba rato confiando en que la mayoría de la Corte era “suya”. Pero que lo intentó, lo intentó. Tanto, que el secretario jurídico de la Presidencia, Edmundo del Castillo —experto en visitas furtivas y desesperadas (recordar su cita con Job, en el sótano de Presidencia)—, llegó hasta el despacho del magistrado Nilson Pinilla, la víspera de divulgarse la sentencia, a proponerle vaya uno a saber qué torcidos. Lo cierto es que salió de allí regañado. Por momentos se filtraron también rumores de aplazamiento de la lectura del fallo, ya cantado pero oficialmente desconocido todavía. El ambiente fue espeso hasta cuando se demostró que a esa decisión ya no la paraba nadie, pues casi que se salía por las ventanas del Palacio de Justicia, y al caer la tarde le cayó encima como un viernes negro al tal referendo. Adiós Uribe. Y qué cuento de agradecerle que se le haya malogrado su última maniobra.

Una declaración misteriosa fue la de Gustavo Petro, quien dijo que “sólo durante mi gobierno el doctor Uribe podrá sentirse seguro”. Si lo que le ofrece a Uribe es que tendrá servicio de escoltas y carros blindados, como el resto de ex presidentes, estamos ante una obviedad que cualquier otra persona que salga elegida deberá garantizarle. Pero Petro repitió ese único argumento, ante periodistas diferentes, durante toda la noche. ¿A qué seguridad, distinta a la de rutina, y que otro presidente pudiera negarle a quien ya inició el conteo regresivo para desocupar la Casa de Nariño, se refería el candidato del Polo? La incógnita debería despejarla durante la campaña, para sacarnos de dudas.

Antanas Mockus, por su lado, prefirió no celebrar de momento, “por respeto al duelo de los afectados”. Que no era tanto, pues los propios deudos del uribismo, al día siguiente en Cali, durante el primer consejo comunitario posterior a la hecatombe del referendo, dejaron vacío un tercio de las sillas. El Estado de opinión resultó desagradecido, qué vaina. César Mauricio Velásquez, contemplando la pérdida de cohesión de lo que otrora era tumultuoso, expresó lo mismo que esos empresarios de conciertos que simulan no amilanarse cuando el público empieza a escasearle a su cantante: “Así fueran tres personas apenas, el Presidente habría estado con ellas hasta el final”.

Germán Vargas Lleras, urgido de mostrarse más duro ante Venezuela que el propio Uribe, le respondió así a una periodista que le indagó sobre qué haría con Chávez: “Al día siguiente de posesionarme mandaré tropas al Trapecio Amazónico”. Con esa ruta sí me agarró fuera de base militar.

Noemí Sanín le dijo lo siguiente a José Gabriel sobre unos caballitos de juguete que el entrevistador le descubrió en su cartera, y que según ella eran un regalo para su nieta: “¡Es que yo también sé montar a caballo!”. Por favor, Noemí, no más destrezas ecuestres. Doblemos esa página en la que el ejercicio del poder estaba asociado al manejo de bestias.

Andrés Felipe Arias dijo: “me siento vacío”, corroborando lo que la mayoría piensa de él. A Roy Barreras, en el programa Hora 20, se le prendió el bombillo y dijo que postularía a Uribe como candidato a la Vicepresidencia.

Pero bueno, el hecho es que Uribe no va más.

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