Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Pot de bogotá y ubicación de la población colombiana

Colombia vive una coyuntura en su dinámica económica y poblacional que es importante aprovechar.

 El país y Bogotá, con su Plan de Ordenamiento Territorial (POT), están en un buen momento para reorientar el proceso de localización industrial y poblacional. El caos urbano que vive Bogotá en términos de movilidad, calidad del aire y servicios públicos, acompañado por un incremento acelerado del valor de la finca raíz —consecuencia de la escasez de espacio para construcción y de la concentración creciente de la economía—, abren el horizonte y obligan a repensar la ubicación de los nuevos procesos productivos en esta etapa de crecimiento económico. Es necesario relacionar la política de desarrollo de la capital con la del país y generar una política nacional que favorezca el fortalecimiento de las ciudades intermedias para limitar el crecimiento de Bogotá y su Área Metropolitana.

Con la apertura económica, debemos pensar en la ubicación no sólo de los procesos productivos asociados a los productos de exportación, sino también en el consumo asociado a la localización de la población. La producción y el consumo no deben seguir focalizándose en el centro de nuestra geografía, desde donde es difícil transportar los productos de exportación y costoso hacer llegar los bienes de consumo importados. El tamaño e importancia económica de Bogotá y su Área Metropolitana obligan a definir y financiar una política nacional de descentralización.

El crecimiento de las ciudades fue determinado por las leyes del mercado y las economías de escala, durante un período en que en nuestro país se miraba solo hacia adentro. Ello generó un proceso de centralización que acabó con nuestra antigua condición de país de ciudades. Hoy, la población y la producción de Bogotá y su Área Metropolitana son mayores que la de Medellín, Cali, Barranquilla y Bucaramanga juntas.

Bogotá colapsó como espacio urbano, mientras otras ciudades presentan posibilidades de crecimiento con grandes oportunidades para mejorar calidad de vida y oportunidades de trabajo. Es necesario usar adecuadamente el momento que vive la Capital respecto al POT y a los altos precios del suelo urbano y la solución no está en expandir su Área Metropolitana por toda la Sabana de Bogotá. Pensando el país con criterio de unidad nacional, hay que generar oportunidades, con infraestructura y subsidios para que otras ciudades se consoliden como polos de desarrollo. Es urgente y depende de un serio esfuerzo de planificación realizado por el Departamento Nacional de Planeación que las nuevas oportunidades de trabajo asociadas al actual crecimiento económico nacional se generen en ciudades secundarias y no se sigan concentrando en la capital y su Área Metropolitana. Es tiempo de generar incentivos para que las buenas universidades y centros de formación que hoy tienen su sede principal en Bogotá consoliden sus mejores facultades y especializaciones en otras ciudades. No hay razón para traer a los estudiantes de todo el país a la ciudad más congestionada y favorecer su migración como fuerza de trabajo calificada a la capital.

Debemos pensar el ordenamiento territorial y poblacional desde una perspectiva nacional y evitar que la centralización se siga dando de manera desordenada, agudizando el caos al concentrar riqueza y oportunidades en la capital y su Área Metropolitana. Construyamos país entendiendo y disminuyendo el caos bogotano. No todo es culpa de Petro, falta una efectiva postura nacional al respecto.

 

 

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