Por: Juan Pablo Ruiz Soto

POT: municipios, comunidades y territorio

Según el grupo intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, creado por las Naciones Unidas y la Organización Meteorológica Mundial, uno de los efectos del calentamiento global es que se alteran las corrientes de los vientos y con ellas el desplazamiento de las nubes.

A todos nos sorprende que este enero —y enero en Colombia es tradicionalmente el mes del verano— nos haya traído aguaceros inesperados. Cada año, el clima parece menos predecible. Ya no sabemos si vestirnos para protegernos del sol o de la lluvia. La inestabilidad meteorológica, consecuencia del cambio climático, es algo que va a continuar en el tiempo. La ciudadanía, así como las distintas instituciones del poder público, desde los gobiernos locales hasta el nacional, deben tomar medidas serias y consistentes frente a este fenómeno que llega para quedarse. En las zonas tropicales se intensificarán las lluvias en algunos lugares y disminuirán en otros. Las lluvias serán fuertes, torrenciales y llegarán en momentos inesperados del año.

Los gobiernos, las comunidades y los individuos tenemos muchas tareas pendientes. En esta columna llamaré la atención sobre un asunto importante que se encuentra en un momento crítico: los planes de ordenamiento territorial municipal (POT). Todos los municipios de Colombia están revisando sus POT o sus esquemas de ordenamiento territorial (EOT): se trata de una oportunidad única para que la variable ambiental sea seriamente considerada.

Hay medidas simples que deben tomarse en todo el territorio nacional y que no requieren de grandes estudios que confirmen su pertinencia: no podemos seguir secando los pantanos, ni invadiendo para construcción o uso agropecuario los humedales y las rondas de los ríos. Esto no puede pasar ni en la alta montaña (sólo para mencionar algunos lugares muy importantes, hay ejemplos dramáticos en los páramos de Chita, Güicán y Cocuy, o en los de Sumapaz), ni en la media montaña (el caso de Ubaté y Suesca), ni en las tierras bajas (pensemos en las múltiples ciénagas del los ríos Cauca y Magdalena). La recuperación de los reguladores naturales de las cuencas, incluyendo la reforestación de las riberas de ríos y quebradas, no lograrán evitar los efectos del cambio climático, pero sí los disminuirán. Actualmente, no podemos ser indiferentes cuando el vecino destruye un bosque ribereño que protege una quebrada, cuando las CAR no reaccionan ante la destrucción de una cuenca, o cuando un consejo municipal aprueba la construcción de una urbanización o una universidad en un humedal o en la ribera de un río.

El cambio climático está transformando la gestión ambiental, pues sus implicaciones son de gran impacto social y económico. Los POT tienen una gran importancia para todos, no sólo para los urbanizadores o los industriales, sino también para los ciudadanos del común. Muchos intereses se mueven en torno a este tema y debemos estar alerta para que primen los intereses comunitarios. El Estado, el Sistema Nacional Ambiental y la ciudadanía tenemos que asumir con seriedad la definición y ejecución de los POT; las deficiencias de su aplicación han generado desastres que hubieran podido evitarse si en un principio hubiésemos sido serios con la aplicación de las normas. Los próximos tres meses son definitivos para redefinir los POT y los EOT: ¡que sea esta una buena oportunidad para poner a prueba nuestra capacidad y nuestro derecho de participar!

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