Por: Hernando Roa Suárez

Potenciemos nuestra juventud

Nunca, como antes, nuestra juventud estuvo tan necesitada de Maestros; nunca como antes, estuvo tan dispuesta a oírlos; nunca estuvo tan sola.

Al iniciar mi tarea como aprendiz de maestro universitario, una de las preocupaciones sustantivas que me acompañaba, era contribuir a implementar un sistema de enseñanza-aprendizaje que me permitiera hacer rupturas con el método pedagógico tradicionalmente institucionalizado en nuestro país y facilitar la potenciación de la conciencia crítica y creativa de nuestra juventud, cuya emergencia encontraba bloqueada, entre otros factores, por un proceso de conocimiento de la realidad desposeído de pedagogía profunda, metodología y análisis científicos, reflexión histórica y visión internacional, salvo excepciones.

Hoy como ayer, parece claro que, tratándose de las ciencias sociales –las que subyacen al interior del quehacer pedagógico– los planteamientos y enfoques unidimensionales, dogmáticos, particulares, cerrados y sincrónicos, son anticientíficos e ineficaces por carecer de vigencia histórica. La complejidad de la realidad nos invita a acercarnos a ella con espíritu abierto y crítico, de tal manera que podamos develar sus procesos de gestación y desarrollo. Cuando así actuamos con nuestros educandos, se abre un horizonte apasionante por la búsqueda del saber y la formulación de alternativas viables que permitan el cambio del entorno.

¿Será necesario anotar, entonces, que la labor pedagógica puede tener significación, en la medida en que contribuya eficazmente a la transformación de la conciencia ingenua de nuestros educandos y a la organización de un ambiente propicio para la construcción de un nuevo tipo de sociedad? ¿Habremos olvidado que frente a las estructuras de poder vigentes en el mundo, la más grande riqueza está constituida por nuestra capacidad recreativa de la realidad?

Si pensamos en los procesos desarrollados en América Latina y en Colombia, en los siglos XX y XXI, su actual pauperización y las estructuras que institucionalizan una hiriente injusticia social, sabemos que es indispensable fortalecer y modernizar el Estado (no desmantelarlo) y dirigir su gestión prioritariamente, a la satisfacción de las necesidades fundamentales, mediante el empleo articulado de la descentralización, la regionalización, la planificación indicativa participativa y la democratización.

Buscando consolidar nuestras democracias, es conocido que una vía óptima para alcanzar sociedades más igualitarias es crear organizaciones que complementen la función intermediadora de los partidos políticos, consolidando espacios nuevos de participación para los ciudadanos, y para la juventud en particular, haciéndolos sujetos del proceso histórico.

En esa tarea, considero vital remarcar la gran importancia que tiene para Colombia recuperar el papel de la universidad y despertar la mística creativa en sus estamentos. Se me presenta indispensable tomar conciencia sobre la misión que ella tiene en el proceso de desenvolvimiento de la ciencia, la tecnología, el arte y la cultura. Por tanto, el fortalecimiento de nuestras instituciones educativas, debe obedecer a una estrategia cultural que permita, desde la infancia, la potenciación y cristalización de lo mejor de la inteligencia y de los valores nacionales y defina las condiciones que garanticen la posibilidad de orientar e innovar la vida social, de la manera que le es propia a la universidad.

Y ahora, ¿qué he podido descubrir paulatinamente al contacto con las capacidades intelectuales y las calidades humanas de los colombianos de diversas regiones? ¿Qué me ha sido dable encontrar como anhelo de lo más significativo y reflexivo de la población universitaria? En gran síntesis: que en Colombia tiene futuro impulsar nuestra juventud a tener fe acompañada de obras, dirigidas a la construcción de una sociedad democrática real, participante activa, justa (con estructuras que organicen la igualdad ante el poder), pacífica (con ausencia de violencia abierta e institucional), libre (con capacidad de decidir autónomamente sobre su destino como nación) y desarrollada integralmente en forma sostenida, con conciencia latino - americana.

Si actuamos previsivamente, nuestra juventud, oportunamente potenciada, contribuirá eficazmente a la reconstrucción de nuestra democracia. Si estamos atentos a su búsqueda; si tenemos cuidado con sus ideales; si nos consagramos a su pasión por la verdad, descubriremos una juventud inteligente, fresca y ansiosa de compromiso con los mejores valores e instituciones que los colombianos hemos construido con tanto esfuerzo; también, profundos deseos y voluntad de cambio frente a la injusticia social estructural.

Y una pregunta final: ¿será cierto que una sociedad sin proyectos políticos, que dinamicen la capacidad imaginativa y creativa de la juventud, está llamada a desaparecer para la democracia?

roasuarez@yahoo.com

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Hernando Roa Suárez

“El país que me tocó”

En torno al Estado y la gestión de calidad

El Gobierno y nuestro Estado

Sobre leer y escribir. Apuntaciones