Por: Mauricio Botero Caicedo

¿Preámbulo al Ministerio de la Verdad?

El autor de esta columna no cree en la Comisión de la Verdad por múltiples razones, principalmente por el hecho de que la inmensa mayoría de sus integrantes son simpatizantes o militantes de la extrema izquierda. Saúl Hernández Bolívar, en su columna de El Tiempo (nov. 14/17), lo denuncia de manera contundente: “Personajes como Marta Ruiz, quien dice sentir «asco» por Uribe, o como Alfredo Molano, quien justifica el reclutamiento de menores por los terroristas, carecen de la sindéresis, objetividad e imparcialidad necesarias para la tarea que les ha sido encomendada, aunque es de reconocer que nadie esperaba nada distinto”. Otra de las integrantes, Lucía González, afirmaba respecto a las Farc: “No sólo respeto, comparto sus principios”.

Tampoco creo en la presidencia en dicha Comisión del cura Francisco de Roux. El autor de esta nota considera que Lorenzo Madrigal (Héctor Osuna) tiene toda la razón cuando afirma que aun siendo De Roux “un hombre por excelencia de bien”, es cercano a “una de las partes del conflicto”. El jesuita, en su entrevista en El Tiempo con Marisol Gómez (nov. 12/17), no sólo deja claro que se necesitan cambios estructurales (¿del modelo económico, político y social?), sino que reafirma su adhesión incondicional a la Teología de la Liberación. Dicho movimiento, como bien lo señala la politóloga uruguaya Hana Fischer, “al igual que el marxismo, se jacta de que sus propuestas son «científicas». Pero nada más alejado de la realidad, ya que desprecian tanto la verdad histórica como la científica… En ese contexto, “liberación” significa la destrucción de las estructuras capitalistas y su reemplazo por las colectivistas. El sistema de libre mercado es presentado como una forma de «violencia», ergo, constituye una de las peores manifestaciones del pecado. En consecuencia, su destrucción liberará del pecado y permitirá el surgimiento del «hombre nuevo»”. En su día el papa Benedicto XVI advirtió: “… la lucha de clases como camino hacia la sociedad sin clases es un mito que impide las reformas y agrava la miseria y las injusticias”. Y condenó “la nueva interpretación, que viene a corromper lo que tenía de auténtico el generoso compromiso inicial en favor de los pobres”. Aquellos como De Roux que idealizan la Teología de la Liberación, como lo señalan Mendoza, Montaner y Vargas Llosa, pretenden “que la Iglesia no tenga un papel esencialmente espiritual, sino político. Es decir, poder político… la Teología de la Liberación es un espejo cristiano del fundamentalismo musulmán, por más que en metodología puedan diferir”.

El autor de esta nota se teme que la Comisión de la Verdad, en la remota —pero no imposible— eventualidad de que Fajardo, Claudia López o Jorge Robledo lleguen al poder bajo la premisa de instaurar un “Gobierno de transición”, sea el preámbulo de la creación del “Ministerio de la Verdad”, órgano de control plasmado por Orwell en su inmortal obra 1984. Orwell relata que el Gobierno, a través del “Miniver”, consideraba que la verdad era su verdad y como fuera contada podía determinar el curso de los acontecimientos. Para ello dedicaban gran parte de sus recursos en reescribir la historia y contarla de un modo que coincida con la verdad que ellos pretenden presentar. El pasado no existía en sí, sino que era un reflejo de lo que los gobernantes querían que fuera. ¿Será que la Comisión de la Verdad para lo único que va a servir es para reescribir la historia de acuerdo con los lineamientos de las Farc?

 

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