Por: Uriel Ortiz Soto
Comunidad y desarrollo

Precandidaturas presidenciales y expectativas

Hasta la presente fecha ninguno de los precandidatos a la Presidencia de la República por los diferentes partidos y movimientos políticos ha presentado a consideración de los colombianos un proyecto de gobierno serio y coherente, con las más angustiosas necesidades que actualmente padecen los ciudadanos de los diferentes extractos sociales y regiones del país.

Todo el proceso de selección de los precandidatos y finalmente candidatos se ha ido en componendas politiqueras entre los diferentes grupos y movimientos, pero a ninguno se le ha ocurrido presentar un programa de gobierno serio en lo social, agropecuario, salud, vivienda, seguridad, educación y, lo más importante, que permita recuperar la administración pública de las garras de la corrupción; además que al proceso de paz, que se encuentra tan maltrecho, lo sepa enderezar con fundamento de causa y ajustándolo a las normas legales y constitucionales.    

Para los colombianos en los actuales momentos no está nada claro quién pueda ser el candidato presidencial con mayor opción y aceptación en las elecciones del próximo año; las precandidaturas de los diferentes partidos y movimientos no pasan de ser meras componendas, puesto que dado el fracaso de la reforma política por ineficiencia del Congreso de la República, por enésima vez, volvemos a quedar en ascuas para ungir un candidato presidencial serio, digno, estadista y honesto, que salga de un verdadero consenso nacional.

Si analizamos la situación del país, el próximo presidente de los colombianos, además de ser un verdadero estadista, debe ser un ciudadano honesto, con mucha experiencia en la administración pública, que sea consciente que se requiere con urgencia de una asamblea nacional constituyente, para reformar:

1. La actividad política, con el fin de erradicar la corrupción de las corporaciones legislativas y  cargos por elección popular, puesto que sin llamarnos a engaños todos sin ninguna excepción son proclives a los malos manejos y  componendas partidistas y politiqueras, que finalmente terminan minando la credibilidad de los electores.

2. Reforma de los tres poderes públicos: como es de conocimiento ciudadano, los tres poderes públicos en nuestro país, debido a los malos manejos y actos de corrupción, han perdido su admiración, pulcritud y grandeza por parte de los usuarios y la opinión pública, que no ven en ellos a una autoridad competente, pero sí el reflejo de la injusticia convertida en corrupción, les da temor utilizarlos y más bien se van por el camino fácil de la justicia por propia mano para el caso del Poder Judicial, de las componendas, chanchullos, saqueos y peculados, para el caso del Poder Legislativo y administración pública.

3. Sector agropecuario y proyectos productivos para el posconflicto: es uno de los temas más interesantes, pero al mismo tiempo candentes, que debe sortear con mucha decisión y entereza el próximo presiente, puesto que a más de un año de firmado el acuerdo de paz el sector agropecuario continúa atravesando una de las etapas más críticas de toda su historia y los proyectos productivos fundamentales del posconflicto aún no se han implementado, salvo algunos casos, más por acción particular que del Estado.

4. Erradicación de los cultivos ilícitos: considero que al próximo gobierno le va a tocar modificar la política antidrogas en convenio con los Estados Unidos, puesto que está plenamente comprobado que todos los mecanismos de erradicación aplicados hasta la presente fecha han fracasado y el gobierno Trump ya ha hecho advertencias muy serias de reconsiderar las ayudas económicas, si no hay resultados de disminución de cultivos ilícitos en un futuro muy próximo.

5. La seguridad del país no se encuentra en las mejores condiciones, continúan los secuestros, extorsiones y chantajes, lo mismo que el asesinato de líderes campesinos que reclaman el derecho a regresar a sus parcelas, que les fueron arrebatadas por los grupos guerrilleros o paramilitares.

Necesitamos un candidato para elegirlo presidente, con talla de estadista, de muchos quilates, más no un politiquero de componendas simple y llanamente para comprometer la nómina burocrática de la nación con manzanillos y jefecillos petulantes, para continuar sosteniendo a nombre del caciquismo el caudal electoral de las regiones, pero sin ningún arraigo de planes y programas de desarrollo.

En estos días de Navidad, tiempos de paz, reflexión y reconciliación, pensemos que las elecciones del 2018 son la oportunidad para cambiar a nuestro país y arrancarlo de las garras de la corrupción.

No votemos por los politiqueros de siempre, ni tampoco se nos ocurra reelegir a los actuales congresistas: senadores y representantes, que en honor a la verdad, durante los cuatro años legislativos que terminan, no han sido más que la peor vergüenza para nuestro país.

[email protected]  

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Uriel Ortiz Soto

¡Martirologio infantil en Colombia!

¡Principios y valores antes que represión!

¡Elefantes blancos y obras inconclusas!