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hace 36 mins

Precisiones vaticanas

La presunta destitución del colombiano Castrillón Hoyos de sus oficios en el Vaticano invita a hacer algunas precisiones (El Espectador, 2009-04-05, Pg. 14).

Ella estaría asociada a la decisión vaticana de traer al redil a los ultraconservadores, seguidores del difunto Marcel Lefebvre, y el jefe del Vaticano pretende aparecer desinformado (e irresponsable) por haber suspendido la excomunión a esos cardenales de la llamada Orden de San Pío, cuyo cabecilla, el monseñor Williamson, se había manifestado y se sostiene aún como abierto antisemita, lo que no es gratuito porque ha sido característica del régimen Ratzinger la confirmación de todos los elementos conservaduristas del aparato estatal  católico, uno de ellos asociado con su oscuro comportamiento frente al Holocausto.

El régimen romano quiere hacer olvidar, por tanto, que el hoy papa Ratzinger fungió como guardián de la doctrina tradicional vaticana durante el gobierno de Karol Wojtyla; que a punto de terminar ese gobierno, el entonces cardenal Ratzinger y su carnal Bertone (hoy Secretario de Estado vaticano) emitieron en el año 2000 la “Declaración Señor Jesús” caracterizada por romper la pretensión ecuménica del catolicismo fallidamente propuesta desde el Concilio Vaticano II en 1965. No es gratuito tampoco que el nuevo jefe vaticano se hubiera estrenado en Ratisbona (2006) con un discurso que levantó ardores entre protestantes y musulmanes porque allí, de nuevo Ratzinger se derramó en prosa descalificando la validez de toda práctica diferente de la católica. Por el mismo camino, documentos de Estado suyos como “Sacramentum Caritatis” (2007) abundan en ejemplos sobre la forma en que el régimen vaticano ha reconfirmado su política conservadora a ultranza en el entendido de que ella contribuyó y contribuirá a proteger los intereses de clase del Estado Vaticano en todo el planeta.

De acuerdo con lo anterior el Vaticano gobierna, como cualquiera otro de su talante, con la pretensión de que algunas cosas “ocurren a sus espaldas”, para las cuales decide elegir a algún chivo expiatorio (no menos culpable por supuesto), suerte que en este caso le ha cabido al colombiano Castrillón. Con otras palabras, en este suceso de los lefebvrianos ultragodos los vaticanos se están lavando las manos al mejor estilo de su tan criticado Poncio Pilatos.

 Bernardo Congote. Bogotá.

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