Por: Lorenzo Madrigal

Pregunta y sondeo

Por medio de las encuestas un cierto  número de personas dan a entender lo que las demás piensan o van a hacer. Hace poco escribí que no debería preocuparnos tanto la abstención en cuanto determinante del sentido de una votación. El número de votantes, siempre millonario, es la más completa de las encuestas: los que no votaron lo harían en la misma proporción. Tal es su filosofía.

Otra cosa son los anticipos de opinión medidos por un muestreo menor, bajo respuestas inducidas. Resultados precarios, magnificados por la publicidad subsiguiente, que orientan y predeterminan una elección.

Quienes no tuvieron la suerte de que se indagara por ellos, jamás podrán acceder a las posiciones en debate y de ahí que los encuestadores sean, de un tiempo para acá, los grandes electores o los dueños del bolígrafo que se creyó abolido (el cual tenía sus ventajas: gente valiosa, ajena a promover su nombre, saltaba al servicio público y daba grandes sorpresas).

Empieza ya a verse el manejo sesgado de este elemento electoral, que un día tendrá que prohibirse en determinadas épocas y para determinados fines políticos. Todo ahora es sesgado, la justicia de la JEP, las orientaciones de los noticieros y diarios y, por supuesto, lo que se derive del inmenso poder ejecutivo, así se diga que se gobierna para el país nacional.

Sesgo que se pudo notar cuando terminó un agresivo reportaje de televisión que se le hizo al precandidato Germán Vargas Lleras, temido por el Gobierno y los suyos y no se diga por la exguerrilla, que al menos ya no atentará contra su integridad física. Se trató de un cuestionario de gran periodismo en lo profesional, pero con un propósito visible, el de causar un daño político. Fue raro que enseguida del gran reportaje se acudiera a una encuesta, con un solo personaje y una sola pregunta que apuntalara los puyazos del reportero. Como quien dice, con base en las respuestas conseguidas de este señor, ¿votaría usted por él?

Se destapó así la intención velada de la entrevista, cual era destruir su candidatura, pero ni siquiera comparándola con otras, sino apuntando directamente hacia ella y de este modo asegurando su rechazo inmediato. Extraña, por decir lo menos, tan peculiar manera de preguntar y encuestar inmediatamente, más parecida al Sí y al No de un divertido contrapunteo, que también se da en la televisión por estos días y que, al menos, confronta dos opciones.

En democracia casi todo es válido, aunque mejor fuera un equilibrio. El sesgo en la información, y un reportaje lo es, altera visiblemente el juego limpio.

Para terminar y como quien hace un gesto de cortesía, se le pregunta al precandidato (quien ha padecido antes una afección limitante en su estado físico) por su salud. Esto, para que la gente no lo olvide. Cifra resultante: 68 % rechaza a la víctima del reportaje.

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