Por: Beatriz Vanegas Athías

Preguntas

¿Por qué no diferenciamos argumento de autoridad de argumento emocional? ¿Por qué no diferenciamos deficiencia mental de maldad? ¿Por qué subvaloramos para un cargo al desconocido apto y escogemos al amigo inepto? ¿Por qué creemos que somos justos cuando respaldamos las causas de la masa ambigua, pero somos incapaces de ayudar a resolver un problema a mi cercano inmediato? ¿Por qué si no estás con mis ideas eres de inmediato mi encarnizado enemigo? ¿Por qué nos importa más el símbolo que lo verosímil?

¿Por qué ignoramos que ninguna opinión es respetable? ¿En qué momento la proxemia y el abrazo dejaron de existir? ¿Desde cuándo importa más alcanzar las metas para garantizar la calidad que alfabetizar culturalmente a millones de estudiantes y maestros? ¿Por qué nuestro sello de identidad es el colonialismo mental? ¿Por qué tecnificar con modelos foráneos un campo como el colombiano al que nunca se le ha hecho una reforma agraria? ¿Por qué, si el campesino no existe en Colombia, pululan supermercados y merca-tiendas? ¿Dónde están las industrias?, ah, “Están paradas esperando / a las manos / que decidan hacer / (…) Las industrias / muevan las industrias”. ¿Por qué nadie nos quiere ayudar de verdad?

¿Por qué el Twitter y no el haikú, el Rubaiyat o la greguería? ¿Por qué el FB y no la poesía? ¿Por qué horas enteras escuchando a los senadores y no horas enteras de Dostoievski, Szymborska o María Mercedes Carranza? ¿Por qué se cree que todo pasa en Bogotá? ¿Por qué el canon literario colombiano se hace desde los convites citadinos y nunca incluye a la periferia? ¿Existen narradores, poetas, ensayistas, dramaturgos en Arauca, Yopal, Amazonas, Quibdó...? ¿Por qué la música de banda, el porro, no son la música clásica del colombiano?

¿Por qué esa arrogancia de creer en la certeza de que el futuro existe? ¿Por qué no considerar a “después” una falacia, una ilusión, parte del engaño cristiano? ¿Por qué, si la evidencia confirma que son más los sinsabores que los sabores, nos reproducimos con desespero delirante? ¿Por qué nuestros jóvenes saben más quién es María Fernanda Cabal y Paloma Valencia que Meira Delmar o Virginia Woolf?

¿Por qué tanta estrechez de corazón? ¿Por qué todos se creen heterosexuales? ¿Por qué no reconocemos que siempre hay alguien mejor que nosotros? ¿Por qué desde nuestro curubito se nos olvida que siempre hay alguien que está peor? ¿Por qué creemos que vivir en un país de gente honesta y pacífica es responsabilidad de los deshonestos y guerreros? ¿Por qué una mentira dicha mil veces se convierte en verdad? ¿Qué están haciendo los padres en casa para formar hijos coherentes? ¿Qué es ser coherente en el país que se guía más por un libro religioso y heteropatriarcal que por una Constitución laica que intenta ser verosímil? ¿Por qué la clase media se está literalmente tirando el proceso de paz?

¿Por qué mujer que sabe latín ni tiene marido ni tiene buen fin?

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